Bolivia, 7 de noviembre de 2009
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Pilar de Vicente-Gella

¿Qué tiene Lydia? Yo quisiera saber qué tiene Lydia. Morena, menuda, frágil y, sin embargo, con una vitalidad que envidio. Poeta, narradora, que deja hablar a su corazón -tierno y enorme, sobre todo enorme, pues en él nos acoge sin hacer distinciones- acerca de la infancia del amor -eterno amor- que en ella fue y será siempre.

Yo quisiera, me había hecho el propósito, de hablar sobre uno de sus libros en concreto. Tal vez el último. No sé. Quizás ampliando mi idea, de los dos o tres últimos. Pero esta mujer de paso vivo me desborda, porque su obra posee una auténtica continuidad.

Puede que ustedes no estén de acuerdo conmigo y, en parte, tienen razón. Lydia Parada de Brown es capaz de describirnos, de narrarnos, de poner en verso los más distintos matices del alma, de la vida y de las circunstancias humanas. Se diría que todo le vale para expresarse. Y ahí, en este “todo le vale” radica eso que me atrevo a denominar su continuidad. Porque todo lo que nos describe, con belleza, con dolor, a veces al borde de la sonrisa, otras casi llamando a la amiga lágrima, todo es una continuación y un fruto de su corazón encendido que no entiende de medias tintas. Porque Lydia se apasiona con nuestras pasiones, sufre con nuestros desengaños -y sospecho que con los de los personajes que crea, en gran medida basados en lo que vive u observa-, sonríe con el sol de la mañana y es capaz de enamorarse de la luna que nos roba el sueño. Y todo esto, todas nuestras sensaciones y las suyas, las canaliza a través del latido de sus venas y de ahí, de esto que casi me atrevería a llamar catarsis, nace su obra.

Esto es, como enuncié al principio, un comentario sin comentarios. No puedo recomendarles un libro de Lydia Parada de Brown sino rogarles que los intenten leer todos, para así conocer a la mujer que es capaz de escribirlos. Porque todos los escritores, sea el que sea el nivel que alcanza nuestra obra, debemos intentar superarla en nuestra proyección humana. Y si estoy seguro de que Lydia, como autora, no los defraudará, aun lo hará menos como ser humano.

 



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