Bolivia, 7 de noviembre de 2009
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EL DIARIO

 


Un boliviano valiente en la memoria

Víctor Hugo Rodríguez Tórrez

Se cumple el centenario del nacimiento de un referente del cumplimiento del deber, señor de la casta de titanes, que en vida fue el coronel Hugo Rodríguez Córdova. A saber:

Según testimonio escrito con firma y rúbrica del patricio Gastón Velasco Carrasco, quien entre 1934-1935 desempeñó el cargo de Jefe de la Sección “Servicio de Espionaje y Contra Espionaje del Ejército Nacional en Campaña”, en documento legado el 7 de junio de 1984 y divulgado por EL DIARIO el 16 de junio de 1985, “Revelan Histórica Hazaña de un Combatiente del Chaco”, el Oficial Rodríguez Córdova, del Regimiento “Loa” 4 de Infantería, herido y hecho prisionero en el cerco de Campo Grande en septiembre de 1933, “tras vencer penosas dificultades aun a riesgo de su vida, inició y mantuvo correspondencia secreta y reservada (más de una vez en aymará) con el Estado Mayor General en Campaña, utilizando para dicho cometido patriótico y poco usual entre los prisioneros de guerra, diferentes tintas simpáticas y claves que posteriormente le fueron suministradas y perfeccionadas por el Estado Mayor”.

Durante dos y más años entregó aquellos singulares servicios al país, no obstante la condición de prisionero de guerra en las canteras del campo de concentración de Tacumbú, en Asunción. Por su forma imaginativa de comunicarse, obtenida mediante contacto con quienes actuaban sigilosamente a favor de la causa boliviana, sus mensajes “fueron siempre oportunos, verídicos y diligentes sobre la actividad bélica del enemigo”, apoyado por capitales argentinos, uruguayos y chilenos “para que Bolivia desaparezca”. “Todos los aspectos señalados -explica Gastón Velasco- eran puestos de inmediato en conocimiento del Señor Presidente de la República, Daniel Salamanca y el Alto Mando Militar”. Aseguró que pasados los años, en el gobierno Barrientos, fue extraviada de los archivos del Ejército gran parte de la documentación de aquel feroz enfrentamiento.

“La presente certificación -agrega- la hago en honor a la verdad y por el hecho de que fui yo una de las personas que directamente recibía la información del Oficial H.R.C. y la descifrábamos en la Sección Claves. Además por tratarse de un deber ciudadano, en mi actual condición de Presidente de “Acción Marítima Boliviana”, debo resaltar un episodio ejemplar y digno del conocimiento de nuestra niñez y juventud, tal la valiente actuación de un soldado boliviano que no se conformó con su precaria situación de simple prisionero de guerra”, testimonia el recordado personaje paceño. Transcurridos más de 80 años existe aún tela que cortar respecto a los adulones del enemigo y ciertos “emboscados”, jóvenes “bien” de la época, quienes evadieron enlistarse en el Ejército para marchar al Chaco.

* * *

Un otro edificante capítulo en la vida del coronel Rodríguez Córdova, fue protagonizado tras la contienda. A partir de 1936, el gobierno del presidente David Toro fusionó y creó el Cuerpo Nacional de Policías y Carabineros de Bolivia, bajo contrato y asesoramiento de una Misión Oficial de “Carabinieri” del Reino de Italia. El proyecto y modelo europeo, en cuanto a uniformes se refería, incorporaba jinetas o barras en las presillas para identificar el grado de subteniente, teniente, capitán, etc., pero prescindiendo de las estrellas que ostentaba el personal militar del Ejército boliviano, destinado como instructor a la naciente Escuela Nacional de Policías (entre ellos el Oficial Hugo Rodríguez), creada por el coronel Toro Ruilova, el 27 de febrero de 1937 y cuya primera promoción profesional egresó en enero de 1940 con 43 subtenientes de policía.

Ocurrió que el jefe de Estado Mayor, Tcnl. Germán Busch Becerra (entonces no había Comandante en Jefe), aprobó en primera instancia el empleo de las susodichas jinetas o grados. Esto no cayó bien en la oficialidad policial deveniente del Ejército, que había concurrido a la guerra. Fue más, el Tte. Rodríguez, quien pudo ser acusado de encabezar una insubordinación o acción antirreglamentaria y asumir drásticas sanciones de post guerra aún vigentes, se dio modos para presentarse respetuosa y personalmente ante el Capitán del Chaco y con firmeza le argumentó “nuestras estrellas las ganamos en el campo de batalla” y consiguientemente, no correspondía suprimirlas. Busch, hombre de temperamento inflexible, por esclarecimiento y pedido de sus asesores, comprendió que aquel reclamo era justo y luego, con agradable talante y amabilidad, autorizó la restitución de las estrellas en hombros de los gloriosos Policías y Carabineros de Bolivia de la época. Desde entonces y no obstante las reformas de 1950,1962 y otras, destellan hasta hoy como plata de luna y oro de sol.

El II Tomo de la “Historia de la Policía Nacional”, página 326, “Reclamación de Jefes y Oficiales del Cuerpo Nacional de Carabineros”, editada en 1976 por IOC La Paz-Bolivia, y elaborada por una Comisión Redactora presidida entonces por el Cnl. Roberto Molina Baeza, consigna ese antecedente. La otra parte ampliada de esta historia, corresponde como fuente directa a don Gastón Velasco, quien enaltecía que el Ejército como raíz y matriz de la institución verde oliva, le extendiese sus estrellas y consideraba que de no haber primado ante Busch la recia actitud del teniente Rodríguez, quizá aquellas joyas estelares con bruñida tradición republicana, histórica y cultural en hombros de los militares bolivianos, no habrían fulgido su iridiscencia a perpetuidad en la investidura policial.

El periodismo fue la otra pasión del sobresaliente boliviano hoy retratado. Ejerciéndolo, entre 1939 y 1940, desde Montevideo reportó la ”Batalla Naval del Río de la Plata”, en la que los destructores ingleses “Ajax”, “Aquilles” y “Exeter”, cercaron al temible acorazado alemán “Admiral Gran Spee”, luego auto fondeado, en electrizante episodio marítimo de la II Guerra Mundial.

En Madrid entrevistó a algunas figuras de la denominada “crema de la intelectualidad” como Pío Baroja, el Dr. Gregorio Marañón, Alejandro Casona y al compositor Federico Moreno Torroba. En Buenos Aires, al músico uruguayo Francisco Canaro, a los cineastas Manuel Romero, Luis César Amadori y al poeta Ivo Pelay.

Probo y modesto como eran aquellos caballeros y camaradas de su tiempo, aprendió del filósofo francés Blas Pascal, que “sólo los estúpidos hablan de sí mismos”.

 



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