Ferrocarriles y sus deudasFerrocarriles y sus deudas
Ramón Claure Calvi
Escribir haciendo referencia a ferrocarriles, en momentos en que estamos inmersos en una trifulca electoral, parece insulso. Pero no está demás destacar que nuestro Sistema Ferroviario se debate entre dos tendencias políticas, la primera, “Consenso de Washington: capitalización, libre mercado”; la segunda, “revolución en democracia: Bolivia cambia. Evo cumple”.
Llama la atención que en el ámbito ferroviario las dos tendencias parecen coincidir y aceptar como loable la geopolítica chilena, uno de cuyos objetivos, desde siempre, es eliminar al Ferrocarril Interoceánico y aprovechar la ingenuidad de los bolivianos para dejar de cumplir el Art. 3 del Tratado de 1904, que contempla la conformación de una Red Ferroviaria que incluye la construcción, a cargo de Chile, del F.C. Arica-La Paz, hoy desmantelado por efecto de la capitalización y dejar también sin efecto la programación y construcción de las siguientes ferrovías: La Paz-Beni, Cochabamba-Santa Cruz, Potosí - Sucre - Lagunillas - Santa Cruz. Obvio, Chile sabía que la proyectada red ferroviaria integraba a Bolivia a los cuatro puntos cardinales y le daba acceso al Atlántico y al Pacífico. En el curso de nuestra historia, habría hecho de Bolivia un país diferente en todo sentido.
Los conceptos anteriores son para recordar que00plos gobiernos de turno, unos más que otros, siguieron los lineamientos de Chile y no supieron valorar el rol del transporte ferroviario en un país convertido en mediterráneo, por el asalto armado a Antofagasta por Chile en 1879. En este largo recorrido hay un caso insólito, es la falta de visión política ferroviaria, ya que habiéndose hecho realidad la oportunidad de recomponer lo que la capitalización destruyó, no lo hicieron ayer, y no lo hacen hoy. Esa oportunidad consiste en que la capitalizadora Cruz Blanca que se adueñó de la estructura ferroviaria a precio de gallina muerta, aportó al TGN por diversos conceptos, en los primeros cinco años, 48.5 millones de dólares, según documentos oficiales. En 13 años que se cumplió el pasado 16 de octubre, probablemente superó los 145.0 millones. Que no se diga que tales recursos económicos tienen un destino específico, precisamente porque la capitalización fue política de Estado, esos recursos generados por la actividad ferroviaria debían retornar a la recomposición ferroviaria. No fue así -repito- por falta de visión y voluntad política.
Pues bien, las deudas de ENFE-R a diciembre de 2004 sumaban, según también documentos oficiales 22.4 millones de dólares. En algún momento un senador y un diputado del oficialismo observaron un proyecto de ley aprobado en la Cámara de Diputados que disponía desbaratar los últimos bienes de ENFE-R, justamente para pagar esas deudas acumuladas. A juicio de muchos parlamentarios oficialistas y opositores el ferrocarril no va más. Si en los gobiernos de turno no hubo visión ferroviaria, en el actual por todo lo que se percibe, debiera ser diferente. ¿Por qué no se pagó la deuda de 22.4 millones de dólares, con los recursos señalados y utilizarlos luego como una garantía para financiar la reconstrucción, por ejemplo, del ramal Oruro-Cochabamba, poniendo en práctica el proyecto JICA de 1995, cuyo presupuesto sumaba 95 millones de dólares incluyendo compra de equipo tractivo y rodante?
En mi opinión, nuestros gobernantes de ayer y de hoy, si en algún momento pugnaron a favor de los ferrocarriles, hoy no tienen idea del rol del transporte en general y en particular del ferroviario, entre tanto Chile sigue imponiendo, sabe que el Corredor Ferroviario Transcontinental Central, Santos-Arica de ser realidad elimina varios candados a nuestro encierro geográfico, cuyo costo -intercambio comercial vía Pacífico-, afecta nuestros bolsillos en aproximadamente 750 millones de dólares anuales. Con la ejecución del Acuerdo de La Paz, al que ya me referí, la suma anterior es posible que se duplique.