Proteger la inversión privada
Severo Cruz Seláez
Cuenta la historia que el vapor “Mérida” desapareció frente al cabo de Virginia, en 1911, llevando un tesoro de cinco millones en oro, perteneciente a un grupo de mexicanos inmensamente ricos, que huían a raíz del movimiento revolucionario promovido por Francisco I. Madero. Se afirma que aquél contenía, entre otros objetos de valor, las joyas de Maximiliano de Austria y la famosa colección de rubíes hecha por la infortunada emperatriz Carlota.
Los ricos, ahuyentados por las medidas maximalistas que asumieron los regímenes desorbitados, huyeron por tierra, aire y mar en busca de nuevos horizontes, que significaran tolerancia, productividad y cultura de la vida. Trataron de proteger sus capitales ante la amenaza, la intolerancia e inseguridad que hizo pasto de la inversión privada, hoy como ayer. Lo hicieron por temor a la confiscación, a la expropiación, al avasallamiento o a perder la cabeza en la guillotina. Empero otros claudicaron, en medio camino, ante sus victimarios.
Fenómeno que se advierte en todos los tiempos y pueblos donde la nefasta “mano dura” conculcó las libertades y garantías a favor de grupos privilegiados. Por lo tanto hizo gemir a los que se constituyeron en contestatarios o a quienes no adoptaron actitudes de genuflexión como señal de resignación.
Hoy se reeditan estos hechos tan ofensivos para la convivencia civilizada y atentatorios contra la seguridad jurídica en democracia. En consecuencia muchos empresarios atemorizados por los excesos gubernamentales han optado por migrar fuera de nuestras fronteras, llevando consigo las esperanzas de un futuro mejor de los menos favorecidos que permanentemente han clamado un trato más equitativo. En este contexto el sueño de nuevos empleos se ha disipado y la frustración se apoderó nuevamente de ellos.
La toma ilegal de propiedades privadas dosifica el caos, la arbitrariedad, en desmedro de la paz y del orden. Viola el principio de seguridad jurídica y avasalla toda disposición legal que rige en la materia. Excesos que han limitado y ahuyentado la inversión privada.
En el mundo comunista de Mao se garantiza y da prioridad a la libre empresa. Prueba de ello es que China cuenta con 130 personas que poseen más de $us 1.000 millones en el bolsillo, según informe anual Hurun Report. Por lo visto el gigante asiático se ha convertido en el segundo país del planeta con más millonarios después de Estados Unidos con 359.
En nuestro medio, que no es comunista, se atropella la seguridad jurídica de la inversión particular, con una actitud que anula la producción y el empleo. Sin tomar en cuenta que ella es una fuente generadora de riqueza por el bien común. La reducción de la pobreza, el hambre y la desnutrición no se logrará atemorizando o eliminando la libre empresa sino con el concurso del empresariado reinyectado con nuevos bríos de productividad. Es necesario diversificar e incrementar la producción nacional, en el oriente y occidente, para liberar al país de la dependencia que significa la donación de alimentos del exterior; adquirir la suficiente capacidad para cubrir la demanda interna, con posibilidades, obviamente, de exportación. Con una acción de esta naturaleza ya no estaremos sujetos a la caridad internacional.
En suma: una de las prioridades nacionales es proteger la inversión privada que nos permitirá crear empleos en la histórica perspectiva de alcanzar el bienestar con justicia social.