El país requiere trabajo y producción, no fantasías
Armando Mariaca V.
Es lamentable que, en pleno proceso pre-electoral y faltando tan sólo seis semanas para las elecciones del 6 de diciembre, el gobierno del MAS, encabezado por el señor Evo Morales Aima, y los demás candidatos haciéndole el juego, estén preocupados tan sólo por enrostrarse entre sí errores, conductas indebidas y se endilguen faltas y delitos que, bien se sabe, nadie investigará y menos juzgará y sancionará algún tribunal. Lo correcto sería que, en lugar de conductas tan ajenas a los intereses generales, se esté casi en blanco en lo que se refiere a programas de realización efectiva en el futuro; proponer medidas para paliar y combatir todo lo mal que esté en el país, empezando por la economía.
¿Qué hacen el Presidente, su entorno y su partido? Proponer fantasías que el país no está en posibilidades de pagar, o, si las tiene, será a costa de endeudamientos excesivos: compra de armas, dizque, “para modernizar” a las Fuerzas Armadas; compra de aviones a precios muy elevados comparativamente con las ofertas del mercado y de características y condiciones técnicas con grandes ventajas, que los vendedores – chinos o checos – no están en situación de ofrecer. El extremo está en que, para uso del Presidente, se anuncia la compra de un avión de lujo por la friolera de 30 millones de dólares que, conjuntamente la adquisición de armas, implicaría endeudamiento de 100 millones de dólares. La última fantasía, producto de las tardes de calor por el fútbol que juega el Presidente: adquisición de un satélite “para uso exclusivo del país” con préstamos de 300 millones de dólares – costo que, por supuesto, está muy separado de lo que demandará la instalación, el mantenimiento del satélite y los derechos internacionales que seguramente habrá que pagar –. ¿Qué ha pensado el señor Evo Morales que son las arcas del Estado? Parece creer que es un pozo sin fondo o un multiplicador de dólares que no sabe ni tiene cómo producirlos porque sus fuentes de riqueza, producción y exportación están cerrados.
Fácil es vivir fantasías y espejismos que, luego, obnubilan por sus reflejos y consecuencias a quienes se hacen de ilusiones que están muy lejos de las posibilidades. ¿Qué necesidad tiene el país de comprar más armas, un avión de lujo, aviones para la FAB, un satélite y otros equipos que son prescindibles y que, en la realidad son superfluos por innecesarios? El país – y así le consta al señor Presidente – necesita reajustar su economía y hacerlo con base en el trabajo, la dedicación, la inversión de capital, tecnología y capital humano; se requiere, y con urgencia, reactivar todo lo que se ha paralizado, alentarlo, mostrarle caminos para nuevas inversiones, encontrar mercados a los que podamos llegar con una producción competitiva. Se necesita – y con urgencia – restablecer y mejorar los contratos con las compañías capitalizadoras, que hoy se dice “nacionalizadas”, para que efectivamente inviertan y mejoren la producción de hidrocarburos. Es preciso que, por ejemplo, los contratos con la Jindal, para explotar el Mutún, funcionen, que de una vez por todas sepamos a qué atenernos en ese campo y no que el Gobierno y la colectividad – conjuntamente ejecutivos de la empresa – estemos a las adivinanzas, a las suposiciones de lo que será o podría ser. Es urgente tomar conocimiento serio y responsable sobre las posibles inversiones para la explotación del litio y para muchos otros productos que, como materia prima, necesita el mercado productivo internacional. ¿Hasta cuándo vamos a estar tras de espejismos y ambiciones fantasiosas que, de concretarse, no harán otra cosa que endeudar más al país, hacerlo más dependiente y pobre de lo que somos? Pero, al margen: ¿qué dice el Gobierno? Todo está perfecto, hay inversiones, hay capital privado, hay tecnología, hay más producción, más exportaciones, más empleo y mil y una fantasías de las que busca convencerse y, al no poder, sigue lanzando adjetivos contra quienes podrían invertir y rehacer nuestra economía.
La verdad es que fantasear y vivir de ilusiones es algo inherente al ser humano; pero no puede ni debe ser forma de gobierno; no puede ser que en nombre de espejismos, se quiera convencer de lo que no se hace y se proponga proyectos que nunca serán realidad, y, para ejemplo, basta ver el caso de una perforadora, cuyo costo supera hasta lo más alto que la imaginación de la fantasía podría suponer y, ahí está, parada y sin prestar beneficio alguno y el país cancelando sumas fabulosas por diferentes conceptos.
En medio de lo que se pretende hacer creer a los bolivianos, hay verdades que nadie ignora que el país requiere: garantías para las inversiones, la producción, las exportaciones, la expansión, la diversificación y, consecuentemente, para crear empleo y con ello, ampliar y mejorar la economía, restablecer el trabajo y las garantías a las empresas que se han visto obligadas a disminuir su producción o cerrar sus instalaciones. Entender que sin capital privado y sin inversiones no puede haber creación de riqueza y que, sin ésta, no hay empleo. Finalmente, comprender que gobernar a un país no es jugar al fútbol, o viajar diariamente a costa del Estado sólo para hacer proselitismo y diseminar ilusiones. Gobernar es actuar con seriedad, es rodearse de gente profesional, capaz, honesta y responsable; es prescindir de un entorno que ha causado mucho daño al país. Es entender que el Gobierno no es para un partido y para el grupo de áulicos que sólo saben alabar y decir sí a todo lo que el “jefecito” diga. Gobernar es reconocer el derecho a la libertad de expresión de todos los bolivianos, sin distinción alguna.
Que hay campaña electoral, nadie lo niega; pero que no sea motivo para expandir más mentiras que posiblemente no dañarán al candidato–Presidente sino al país, al pueblo, a toda la gente que cree y espera de ese candidato; pero, a la vez, dentro de ese pueblo, hay personas que esperan algo de los candidatos opositores: en primer término, que eviten sus rivalidades y peleas intestinas y que si hacen campaña lo hagan con altura y propuestas. La comunidad nacional – aunque callada y resignada en su mayor parte – espera acciones y conductas honestas y responsables con la esperanza de cambios a favor de todos.