Pisan y pasan quienes buscan el poder absoluto
Severo Cruz Seláez
“Hiere en el vientre”, imploró Agripina a su victimario, como tratando de castigar las entrañas que concibió a Nerón, su hijo, el emperador romano de 54 a 68, quien la hizo asesinar para instaurar un estado de terror en el Imperio. En este contexto los cristianos sobrevivieron también a la más feroz persecución por primera vez en la historia.
Algunos mandatarios que se creen omnipotentes, con pretensiones de perpetuarse en el Poder, son capaces hoy de emular este hecho tan indigno, llevados por la egolatría. El afán de ellos radica en sustentar, contra viento y marea, cierto proyecto político que les permita proteger privilegios, prebendas y honores que otorga el Poder, pues representa también victoria, mujeres y fortuna. Es mentira que se han preocupado por acabar con la pobreza, desempleo, transfugio, narcotráfico, corrupción e inseguridad ciudadana.
La angurria por capturar el Poder absoluto no tuvo límites ni sentimientos humanos. Surgió como una actitud de acaparamiento de todas las instancias del aparato gubernamental violentando normas y Derechos Humanos. El propósito fue siempre asumir aires de César para pisar y pasar, para humillar y escarmentar, no sólo en dictadura sino en democracia.
Quienes nadaron contra esta corriente acabaron inmolándose o haciéndose el harakiri, como el famoso Foción, general y orador ateniense, considerado apóstol de la paz, que injustamente fue condenado a beber la cicuta, hacia 400 – 317 a. de J.C. Así expiró el espíritu que hizo del desinterés, de la transparencia y la generosidad un modo de vida, que es un paradigma digno de imitación.
En nuestro medio el presidente Germán Busch (1937-1939), héroe de la contienda del sudeste, acabó sus días descerrajándose un tiro en la cabeza, porque no logró introducir los cambios a favor del país, por la resistencia y la cicatería de quienes poseían el Poder absoluto. Busch, sinónimo de patriotismo, quiso construir una Bolivia Nueva, sobre la funesta experiencia de la Guerra del Chaco, cuyo saldo se estima fue de 50.000 bajas.
El desinterés, el patriotismo y la solidaridad tuvieron a sus hombres más representativos, quienes con sus lúcidas acciones conmovieron a la opinión pública mundial, en el pasado mediato e inmediato. La justicia humana y divina tardaron, pero llegaron, para glorificarlos. Y la historia los pondera con su veredicto final para bien de la especie humana. Es que se despojaron de intereses mezquinos, sectarios y personales, para entregarse al servicio del bien común.
“Siempre necesitamos más hombres hábiles capaces de poner por obra las cosas. Necesitamos hombres de buen criterio. Tenemos muchos, pero nunca bastantes”, dijo, a propósito, John Kennedy.
Urge, ahora más que nunca, elevar la mente, el corazón y la voz, a Dios, rogando porque el tiempo de la angurria por capturar el Poder absoluto, con la imposición de un estado de terror, sea superado lo antes posible, como una contribución al afianzamiento del sistema de libertades, que simboliza disenso y consenso, mayoría y minoría.
Evitemos que la mezquindad de algunos “redentores” nos empuje al desastre total que conlleva lágrimas, dolor y sangre. Que se imponga la humildad como principio de equidad político – ideológica.