El guerrero de Los Andes
Severo Cruz Seláez
El presidente Andrés de Santa Cruz es el verdadero padre de la Patria, gestor de la nacionalidad boliviana sobre sólidas bases jurídicas, educativas y de honestidad, en particular.
En fecha 25 de octubre de 1830 promulgó el Código Civil. El 6 de noviembre de 1834 el Código Penal vigente 139 años, hasta el 2 de abril de 1973. El 14 de noviembre de 1832 el Código de Procedimiento Civil Boliviano y el 12 de noviembre de 1834 dispuso el cumplimiento del Código Mercantil. Los códigos puestos en vigencia fueron ejemplo y base de la legislación en América Latina.
Bajo su gobierno se establecieron las universidades de La Paz y Cochabamba. Fueron impulsados varios colegios y la instrucción primaria se difundió en el país. Estas acciones ratificaron el servicio incondicional a la juventud estudiosa sin exclusiones de alguna índole.
La hacienda publica “fue administrada con acrisolada honradez; las rentas nacionales fueron aumentadas y los presupuestos de gastos se llenaron con escrupulosidad”, según Moisés Ascarrunz.
“Yo viviré y moriré tranquilo en mi retiro siempre que pueda saber que sois dichosos a la sombra de instituciones y de garantías positivas”, afirmó, en 1846, el presidente Santa Cruz. He acá el hombre que contribuyó con su esfuerzo, su creatividad e imaginación, a la consolidación de la nación boliviana. ¡Un paradigma para todos quienes aspiran a ser gobernantes!
Durante su presidencia deliberó la Asamblea Constituyente, en la capilla de la Tercera Orden de la ciudad de La Paz, en 1831.
De origen boliviano, se paseó por la cima de los logros, en consonancia con su elevada formación militar y política. Nació en el occidente del país y se hizo para Perú y Bolivia. Trajinó su gloria a galope tendido por las llanuras que bajan desde el Illimani e Illampu hasta las aguas del Collao. Es el héroe auténtico de las batallas triunfantes por la libertad americana. Guerrero de los Andes que cambió el rumbo de la historia.
Quienes lo antecedieron en el Poder, entre libertadores y taimados gobernantes, se limitaron a diseñar los cimientos de la nacionalidad boliviana, empero él los consolidó, en definitiva. El país que vivimos es el legado que recibimos del presidente Santa Cruz: hombre ideal, voluntad férrea y espíritu patriótico, que hizo de Bolivia un país fuerte, respetado y progresista, en el seno del continente americano.
El fue orgullo del Ejército boliviano y honra del mestizo que siempre ha sobrevivido a la adversidad, que fue carne de cañón en las guerras y revueltas internas. Por lo visto fecundó con su sangre los derroteros de la Patria digna de un futuro mejor.
“El más vil de los tiranos; el abominable monstruo”, decían de él quienes discrepaban con su pensamiento y proyectos políticos, en una sañuda campaña de descrédito. Con estas infamias enlodaron la imagen del presidente Santa Cruz que se entregó por completo a la santa causa de la Patria. ¡Que ratificó su indeclinable vocación de servicio a Bolivia!
Con su expulsión del territorio patrio quedó trunca toda proyección histórica por el bien común.
En suma: a 144 años de su deceso, en el ostracismo, rendimos nuestro homenaje de admiración al presidente Santa Cruz, prez del mestizaje peruano – boliviano. Ojalá las nuevas generaciones se inspiren en la personalidad, en la obra y la memoria del Mariscal, para emprender tareas edificantes, acorde a los tiempos que se imponen.