Recetario Chavista
Eric Cárdenas del Castillo
El ciclo latinoamericano de las dictaduras militares, algunas de ellas de corte izquierdista, como la de Velasco Alvarado en Perú o la de Torres Gonzales en Bolivia, pero en general anticomunistas, acabaron en los primeros años de la década de los 80 del siglo pasado y en los 90 se vivió la “primavera” de la democracia, estabilizándose ésta en casi todos los países de Hispanoamérica, con excepción de la dictadura del proletariado de Cuba. Pero al llegar el nuevo siglo, aparecieron algunos puntos rojos en el mapa latinoamericano, en especial de países del cono sur como Ecuador, Perú, Bolivia, Venezuela, Colombia y Argentina, amenazados según los estudiosos de la prospectiva, de caer en el totalitarismo y en el populismo radical.
La aparición en el escenario político del militar Hugo Chávez, que tomó el poder en Venezuela, con el discurso “bolivariano”, pareció una posición del “nacionalismo latinoamericano”, y en consecuencia fue recibido ese discurso con cierta simpatía. Sin embargo, al poco tiempo el discurso bolivariano fue trastrocado por el del “socialismo” de inspiración marxista y del populismo izquierdista, extendiéndose como un cáncer gracias a los petrodólares generosos que paga Estados Unidos por el petróleo venezolano. De tal suerte que a la sombra de los cheques venezolanos, Ecuador y Bolivia entraron de lleno en la órbita del tal socialismo del Siglo XXI, apadrinado ideológicamente por la Cuba de los hermanos Castro y los recursos financieros de libre disponibilidad de Chávez, influyendo en Argentina y llegando a otros países centroamericanos.
Si seguimos el libro “Cuentos Chinos” del periodista argentino Andrés Oppenheimer, radicado en Miami-USA, en el capítulo sobre “Venezuela: el proyecto narcisista-leninista”, donde el autor relata todos los acontecimientos políticos del tiempo de gobierno de Chávez Frías, encontramos que todos los pasos que siguió ese político venezolano para hacerse del poder casi absoluto y buscar perpetuarse “ad-eternum” en el mismo, se los ha replicado en nuestra realidad con el gobierno del Movimiento Al Socialismo.
El primer paso es acceder al poder por la vía del voto democrático, con el discurso de los pobres, el cambio de situación y el antineoliberalismo y anticapitalismo, para luego desde el poder ejercitar políticas populistas como la organización de grupos de acción, en Venezuela denominados “círculos bolivarianos”, en nuestro país “movimientos sociales”, que en nombre del pueblo demandan medidas que salen del mismo Gobierno. Se arremete contra los medios de comunicación independientes, con la finalidad de acallar cualquier crítica al Gobierno. Se descalifica a las autoridades de la Iglesia, en este caso de la Católica, que por su autoridad moral influye en la opinión pública. Se construye simultáneamente todo un aparato de medios de comunicación, desde donde se miente, engaña y disfraza la verdad, constituyéndose en gobiernos mediáticos. Se toma y controla los otros poderes del Estado, de tal suerte que el “estado de derecho” producto de la democracia, deja de existir, en especial el Poder Judicial, para enjuiciar y encarcelar a los opositores y críticos del Gobierno. Las Fuerzas Armadas y la Policía son “partidistas” y convertidas en brazos ejecutores de la “represión” política, siendo el principal sostén de estos regímenes.
La empresa privada resulta otro de los objetivos del populismo izquierdista, pues se la “estatiza” e interviene, con pretextos como asegurar el consumo interno, sus lazos con el exterior, etc., se prohibe las exportaciones y se controla su gestión para ahogarla. Se amedrenta a la ciudadanía desatando violencia contra toda expresión de descontento, se espía y controla a quienes piensan distinto. En Venezuela entraron 17.000 médicos y maestros cubanos a las áreas rurales y populares.
Para perpetuarse en el poder, se controla los órganos electorales y con base en el fraude y la manipulación del voto, se gana todas las consultas ciudadanas, para darle un barniz de “democracia” y legitimidad al Gobierno. Se reforma las Constituciones, introduciendo la reelección. Los gobernantes de este modelo populista de izquierda o comunista, privilegian el quehacer político partidista a la gestión pública, de tal suerte que los resultados son negativos en crecimiento y desarrollo. En fin, un recetario de derroche y malgasto que pesará sobre las generaciones del futuro próximo, con heridas profundas de división y enfrentamiento, que tardarán en cicatrizar y que empobrecen, aún más, a pueblos ingenuos que esperanzados en mejores condiciones de vida, un día votaron por estos proyectos, originados en el caudillismo y prepotencia, que creíamos se había superado en Latinoamérica.