Lo que no debemos callar
Dichos y hechos de Evo Morales
Santiago Berríos Caballero
“La vida en común exige la aceptación del deber por cada individuo y el respeto de sus derechos por toda la sociedad; en la medida en que se armonizan lo individual y lo social, condicionándose recíprocamente, la solidaridad reemplaza al antagonismo y la cooperación a la lucha”. Son conceptos del moralista José Ingenieros. Y José Ortega y Gasset nos dice: “Si nos habituásemos a buscar de cada cosa su arquetipo, la estructura esencial que la Naturaleza, por lo visto, ha querido darles, evitaríamos formarnos de esa misma cosa un ideal absurdo que contradice sus condiciones más elementales. Así, suele pensarse que el político ideal sería un hombre que, además de ser un gran estadista, fuese una buena persona. Pero, ¿es que esto es posible?. Los ideales son las cosas recreadas por nuestro deseo -son desiderata-. Pero, ¿qué derecho tenemos a considerar lo imposible, a considerar como ideal el cuadrado redondo?”.
Estos conceptos vertidos por dos grandes hombres de la filosofía y las letras, en sus famosas obras del siglo pasado: “Las Fuerzas Morales” por una parte y “Mirabeau o el político/ Contreras o el aventurero”, nos inducen a tratar las actitudes y comportamientos del presidente Evo Morales, sin que pretendamos hacer comparaciones con aquellas actitudes y también comportamientos del célebre Mariano Melgarejo, menos de su cancerbero Donato Muñoz, pese a que en nuestra vida republicana siempre hubo muchos Donatos Muñoz, y continúan habiéndolos al presente, y seguramente nuestros lectores tendrán la inteligencia y sabiduría para identificarlos cuando lean esta nota.
Es que Bolivia ha sido gobernada siempre por figuras que, sin irradiar ni la luz de una alta inteligencia, ni el prestigio de una gloria militar adquirida en las nobles y grandes batallas, ni la grandeza de alma que va unida al sentimiento de la justicia y a la posesión de las virtudes domésticas y cívicas, infelizmente aparecieron como colosales en el cuadro en el que se los contempló, y hoy continúa la vida como siempre lo fue, y en su entorno, los hombres que la rodean parecen estar allí solamente para hacer resaltar la grandeza del amo.
“Queremos enseñar a gobernar con honestidad y con responsabilidad para transformar la situación económica del pueblo boliviano”, fue el mensaje de Evo Morales en Tiwanaku, cuando varios mallkus y jilacatas lo rodeaban, antes de asumir la Primera Magistratura de la Nación, haciendo resaltar que “Después de 500 años de expiación, ha llegado Evo Morales Aima, enviado por DIOS a través del pueblo”.
“La droga, la cocaína y el narcotráfico no forman parte de la cultura andina y amazónica. Lamentablemente es un mal importado, y hay que acabar con el narcotráfico, hay que acabar con la cocaína”.
“La justicia es corrupta, porque es el resultado del cuoteo en la política neoliberal”.
“Yo tomo decisiones, yo le meto nomás, y cuando mis abogados me dicen que no es legal, les digo que ellos lo legalicen, para qué han estudiado”.
“La justicia tiene la obligación de defender al Estado”.
“ Es verdad es que Bolivia necesita socios, pero no dueños de nuestros recursos naturales”.
“La conciencia del pueblo ganó las elecciones, y ahora esta misma conciencia va a cambiar la historia”.
Esas son algunas de las frases acuñadas por Evo Morales, que, en nuestro criterio, emergieron de algún o de algunos Donatos Muñoz que cercaron al Presidente, y hacen de las suyas en su nombre.
Sin embargo, es hora para analizar todos y cada uno de estos mensajes, para ver si fueron cumplidos o, contrariamente, fueron meras declaraciones, o como alguien diría fueron simplemente “un saludo a la bandera”.
La honestidad en el manejo de la cosa pública significa que el dinero del pueblo no debe ser dilapidado alegremente; tampoco es responsable el hecho de someter al país a los caprichos foráneos, si la consigna ha sido siempre de la liberación nacional frente al imperio, pero de ninguna manera la sustitución de éste por otro, tal como está ocurriendo, cuando nos están sometiendo a otro que pretende constituirse en el eje geopolítico del continente.
Curiosamente, a partir de enero de 2006, los cultivos de coca se han incrementado, no sólo en los Yungas sino fundamentalmente en el Chapare, llegando inclusive hasta la amazonía boliviana, y sus consecuencias son la producción alarmante de la cocaína, con la agravante de que el presidente Morales continúa como líder sindical cocalero, y en esa su condición debería tomar decisiones imperativas para cumplir con aquella promesa efectuada precisamente en Tiwanaku. No lo hizo, y seguramente que no lo hará.
Es cierto que hay corrupción en la justicia, como también lo hay en los otros niveles gubernamentales, pero aquella lacra continúa incubada por una serie de factores que tienen su origen precisamente en el favoritismo, el compadrerío, el partidismo, que finalmente se convierte en conducta delictual. Esto tampoco ha cambiado.
Estando en un Estado de Derecho, aunque sea plurinacional, el primer ciudadano del país tiene la obligación de someter sus actos a la Constitución y las Leyes, pero jamás tomar decisiones contrarias a la norma jurídica, y pretender que “sus abogados” legalicen lo ilegal. Eso no es aceptable en un Primer Mandatario, porque debe dar ejemplo de sometimiento al ordenamiento jurídico.
Debe saber Evo Morales que el ESTADO es una persona jurídica, y como tal tiene los mismos derechos y obligaciones que una persona natural o física, de modo que la justicia tiene el deber de dar el mismo tratamiento tanto a la persona jurídica como a la persona natural o física, sin distinción alguna. Eso, seguramente, sus abogados o amigos no le hicieron conocer. Craso error.
Continúan los dueños de los recursos naturales en el país, al extremo de que como tales no cumplen con su obligación de hacer inversiones, lo que quiere decir que se continúa con el modelo neoliberal al que tanto se combatió, aún en las jornadas de octubre por el valeroso pueblo de El Alto; es decir que aquella agenda sigue pendiente.
Es cierto que la “conciencia del pueblo” ganó las elecciones de diciembre del 2005, como también es cierto que ese pueblo puede cambiar la historia.
Muchos pretenden comparar a Evo Morales con los tiranos de ayer. Algunos hasta a los de la antigua Roma. Pero nosotros pretendemos juzgarle con serenidad, y con la severa imparcialidad de la historia, porque vemos solamente en él, como diría en relación con Mariano Melgarejo el escritor Pablo Subieta: “...un hombre en quien las pasiones, los instintos sensuales y las tendencias orgánicas, habían sofocado los gérmenes de la virtud que una cuidadosa educación hubiese salvado de un naufragio, del que la educación podía haber hecho una potencia útil”.
(*) Este es un fragmento
de una próxima obra.