En el marco de la Feria del Libro
Investigadora italiana presenta trabajo sobre “El valor del patrimonio cultural”
Claudia Ranaboldo |
Claudia Ranaboldo y Alexander Schejtman, ambos investigadores principales del Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural-RIMISP, presentaron recientemente el libro “El valor del patrimonio cultural. Territorios rurales, experiencias y proyecciones latinoamericanas”, en el Campo Ferial de Bajo Següencoma.
El trabajo que es una coedición del RIMISP y el Instituto de Estudios Peruanos (IEP), sintetiza los resultados de nueve estudios de caso en ocho países de la región, los mismos que fueron realizados por centros de investigación, instituciones de desarrollo y organizaciones sociales, económicas y culturales, con el apoyo de la Fundación Ford, en el marco del proyecto Desarrollo Territorial Rural con Identidad Cultural.
Sobre el resultado de esta amplia mirada que dan los estudios de caso, Ranaboldo señala que la idea principal del proyecto, fue la de realizar un análisis en América Latina de cuáles eran las potencialidades en diversos territorios rurales.
“Lo que encontramos fue precisamente definir cuál era esta dotación de activos culturales, cuáles eran los actores que estaban detrás, qué los movían y valorizaban a través de estrategias distintas y, finalmente, qué tipo de limitaciones y potencialidades había para sus estrategias, porque por lo general, estrategias las hay, la gente ya las está impulsando, aunque en gran parte de los casos no sean reconocidas e impulsadas desde las políticas públicas”, manifestó.
Por ejemplo en el caso de Bolivia, según la investigadora, se estudió la mancomunidad de la Gran Chiquitanía, específicamente el Municipio de Concepción (departamento de Santa Cruz), del que se conoce y difunde generosamente el legado jesuítico de la música y arquitectura, principalmente de las iglesias que han sido restauradas y puestas en valor recientemente.
Pero más allá de estos que son como los “sellos” que se conocen a nivel mundial, se pudo constatar que existe más capital cultural por detrás. Tal es el caso de lo que las mujeres indígenas están haciendo en artesanía o de todo lo que tiene que ver con la valorización del mismo paisaje de la Chiquitanía, informó Ranaboldo, quien desde hace 25 años trabaja en Latinoamérica, particularmente en Bolivia.
“En este campo existe sin duda alguna una serie de elementos que tal vez no son tan evidentes, como las iglesias o la música, pero que existen y se constituyen en un tremendo capital”, agregó.
La realización de todos estos estudios en Bolivia contaron con el apoyo del Centro para la Participación y el Desarrollo Humano Sostenible (CEPAD).
Los otros estudios de caso se hicieron en Cotocachi (Ecuador); en el valle del Colca, Tucumé y la campiña de Mache (Perú); en el archipiélago de Chiloé (Chile); en el Vale dos Vinhedos en Rio Grande do Sur, y en Caminhos de Pedra (Brasil); en San Basilio de Palenque (Colombia); Oasis mendocinos en los departamentos General Alvear y Tunuyán (Argentina); y en San Pedro Necta de Huehuetenando (Guatemala); Los Santos (Costa Rica); la Fortuna (Honduras), además de Pluma Hidalgo (México).