Emma Junaro y José Aramayo unen talentos en un concierto sin precedentes
EMMA JUNARO ES UNA INQUIETA Y PERSEVERANTE BUSCADORA DE FORMAS PROFUNDAS DE EXPRESIÓN ARTÍSTICA. |
El Espacio Simón I. Patiño brindará hoy a partir de las 19.00 horas en sus mismas instalaciones, ubicado en la avenida Ecuador No.2503 esquina Belisario Salinas , un concierto sin precedentes a cargo del dueto conformado por la insigne cantante Emma Junaro y el guitarrista José Bernardo Aramayo.
A través de la unión de estos dos grandes artistas, el público asistente podrá disfrutar de la intensidad y sentimiento que posee cada melodía, aspecto que se verá reflejado en la unidad y desarrollo de la música y los textos interpretados.
Dentro el programa previsto para esta noche, se prevé contar con una amplia paleta musical geográfica, la cual se difundirá tanto alrededor de las expresiones poéticas y humanas como de las facetas de la vida.
Las ligazones entre la música de Portugal y Cabo Verde así como las composiciones de poetas y músicos de Brasil, o la poesía que se transforma en casi dramáticos reclamos a la vida transcritos en los versos de Matilde Cazasola o la intensidad de un poeta como Mario Benedetti, son las pinceladas que los oídos y el corazón de la audiencia podrán vivir en un diálogo que la voz de Emma Junaro y la guitarra de José Bernardo desarrollarán junto con cada persona sensible.
DUETTO
En el transcurrir de la historia de la música, la forma de “Duetto” (palabra italiana que en el lenguaje musical explica la interpretación de dos ejecutantes), ha sido elegido por los compositores para transmitir de manera más íntima sentimientos diversos, mientras se desarrollan las frases musicales de sus obras, transformando la atmósfera en una proximidad entre los músicos y los oyentes.
Los instrumentos elegidos poseen complementariedad sonora y tímbrica entre sí, promoviéndose un entorno acústico armónico y muy personal, mientras que, durante la ejecución, cada instrumentista, imprime su identidad en el instrumento.
Así, el carácter de la composición, sumado al matiz personal de los instrumentistas, produce resultados únicos transformando la obra en un diálogo íntimo, en el cual la música y los instrumentistas vuelcan todo su vigor, identidad y emotividad.