Bienaventuranzas del voluntariado
Critóbal Sánchez Blesa
Bienaventurado el voluntario que sabe trabajar en equipo y no se considera Superman ni mucho menos Spiderman (el hombre-araña que trepa). Bienaventurado aquel que gusta de D. Quijote como personaje literario, pero que sabe que su trabajo es muy real y válido para personas corrientes y molientes. Elogios merece si se considera más un Sancho Panza colaborador de las empresas nobles pero pegado a la tierra y a los problemas concretos de las gentes menesterosas. Ese sabrá poner límites a su acción voluntaria para que no se le convierta en una pesada losa y sabrá apoyarse en los demás para no caer en la tentación de creerse un mesías, aunque su trabajo sea imprescindible.
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Bienaventurado el voluntario que sabe convertir su trabajo en una actividad gratuita por la que no espera que le den las gracias ni que su nombre figure entre el número de los “buenos”. Bueno será si disfruta con la acción voluntaria y no convierte al marginado en un “objeto” de sacrificio para alcanzar ningún fin sino como un fin en sí mismo.
El autor es Presidente de SOLIDARIOS para el Desarrollo
ccs@solidarios.org.es