¿Reelección del indigenismo revolucionario?
Juan José Chumacero Zurita
En las calles de La Paz, me llamó la atención un graffiti que dice: “Si no dices lo que piensas, para qué piensas”, ¡cuánta razón tiene, me reconforté! Por ello, ante las próximas elecciones pienso y me pregunto ¿el indigenismo revolucionario (IR) del MAS debe ser reelegido? Y esta es mi palabra: don Evo, “marxista”, él confunde al electorado con su vocinglero IR, cuando toda revolución tiene como principal sujeto a las clases sociales o grupos de individuos vinculados por sus intereses comunes, que no coincide con lo indígena, excepto en su rol de campesinos, que los hace “pequeños burgueses” que explotan a los mismos campesinos. Parafraseando a K. Marx: las clases se entienden por los medios materiales de producción, que en el agro son diversos, y por ello hay campesinos ricos y pobres, ¿a cuál de ellos favorece el IR? A los ricos (¿nueva burguesía?), por supuesto.
El trabajador que enajena su fuerza de trabajo tiene conciencia de clase, los indígenas no la tienen, por ello no son revolucionarios, son inconsecuentes y poco leales, debido a sus formas de trabajo. De hecho, los campesinos disponen de un capital físico económicamente y por ende de medios de producción en dos espacios: el rural y el urbano. Y por ello, lo indígena es un concepto abstracto, pues no advierte lo económico, de hecho el IR es un constructo entelético, por no decir un engaño.
Cuando el vicepresidente García apoyado en M. Weber alude a una “burguesía emergente” (?) destaca paternalmente en esos burgueses el ahorro, su comida modesta, pero tienen más dinero que todos los otros juntos. Paradójicamente, si esta burguesía ahorra, lo hace para derrochar lo ahorrado en sus fiestas patronales (entre otros), ¡a las cuales tienen derecho! Pero no cuando las mismas trascienden y se aprovechan de los que pagan sus impuestos; ¿acaso no se adueñan de las calles paceñas, cuando les viene en gana?, ¿eso es cambio? Esta “burguesía” que está compuesta por los informales (que no pagan impuestos como debieran), transportistas, contrabandistas y a veces los artesanos, no es clase social, pero sí la principal base social del MAS. Por ello se sustituye a la clase con los grupos de estatus (cholos burgueses neo indígenas), como sugiere Weber, cuya relación económica está determinada por el mercado. De hecho no constituyen un grupo consciente de su propia unidad más allá de ciertos intereses individuales. Por ello, IR alude a la raza como grupos encerrados en una etnia y así justificar el concepto indígena.
Maquiavélicamente S.E. se aprovecha de la vocinglería que tiene su base en la colonización española como algo advenedizo y extraño que se yuxtapuso a la población autóctona (o 36 naciones en la CPE) y que es preciso sacudir y expulsar con el objeto de que los pueblos o “naciones” vernáculas recobren su vigor y su grandeza primitivos. Para ello, monta leyendas con hecatombes de indios pacíficos e inocentes, de tal modo que exageren la nota de brutalidad de los españoles para reforzar su construcción ideológica radicalmente falsa en su base, porque sin perjuicio de los abusos inherentes a toda empresa humana, la médula del quehacer español en América no fue otra que la expansión del Evangelio.
La Conquista no fue encomendada a empresas comerciales, provistas de concesiones y privilegios, que asegurasen, en todo caso, rentas ajustadas a la Corona, ni fue tampoco el resultado de una huida de grupos disidentes que buscaban cobijo para su preciosa libertad. La empresa española fue una empresa del pueblo y del Estado, absolutamente fieles a la convicción ortodoxa que plegó y subordinó los intereses al servicio de Dios y de los colonizadores. Exactamente igual a lo que está haciendo ahora el gobierno de Evo Morales. A diferencia de Alonso de Ojeda, que al desembarcar en las Antillas en 1509, no les dijo a los indios que los descubridores pertenecían a una raza superior y distinta, como lo hizo Evo al proclamar a los indígenas como la “herencia moral de la humanidad”, sino que, animándoles, les enseñó que Dios es único y eterno, creó el cielo y la tierra y todos descendemos de un hombre y una mujer. Y para que los indígenas fueran respetados como iguales se dictó un monumento de leyes.
Por ello, el IR supone al mestizaje como un producto híbrido, como una hierba malsana que es necesario expulsar o destruir con tanto o con más ahínco que aquellos cuyo color y contextura siguen representando la conquista. Por eso se insufla un punto de partida que iniciará la “otra” conquista, o segunda independencia de Bolivia, como lo asevera Evo, ligadas por el vínculo territorial, pero separadas por abismos culturales, sin conciencia histórica nacional, entregada a prácticas y costumbres primitivas y, en muchos casos, despóticos y sanguinarios. Paradójicamente se propone la descolonización, mejorar el nivel de vida de los indios, como ha escrito el inca Garcilazo: superar la discriminación, ofrecerles la posibilidad de ser. Pero esto no es nada más que un Cristianismo a secas, continuación de esa sinfonía inacabada que el mismo Evo Morales llama “la Hispanidad”.
Por ello, la ideología del IR es falsa y absurda en sus resultados. ¿Quién ha separado el campo de la ciudad?, ¿acaso los bonos no son parecidos a un soborno?, ¿acaso no hay corrupción buena y mala?, ¿acaso no se incrementó la audacia delictiva?, ¿acaso el “yo le meto nomás para eso están los abogados” fue un simple eufemismo?, ¿acaso el MAS ha desmantelado la estructura institucional de la derecha?, ¿acaso el régimen del MAS ha creado instituciones incluyentes?, ¿acaso no ha crecido el desempleo?, ¿acaso no se ha fortalecido el neoliberalismo? En consecuencia, ¿quién separó a quién? Estos son los resultados. ¡Este es el IR que quiere ser reelegido para una nueva colonización!
El autor es Director del Centro de Investigación de Servicios Educativos y de Comunicación.
E-mail: cisecchumacero@hotmail.com