Bolivia, 18 de julio de 2009
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Arbitraje y cultura de paz

Raúl Pino-Ichazo T.

Desde el momento que surgen posiciones diferentes se erigen los conflictos en la historia de la humanidad, independientemente del motivo o la causa. En Bolivia se ha escrito escasamente sobre el Arbitraje y /a Conciliación, sin dejar de valorar los esfuerzos de algunos autores bolivianos, como el Dr. Fernando Rodríguez M. de Santa Cruz y el prestigioso abogado paceño, lamentablemente fallecido, Dr. Rodolfo López del Solar, para consolidarse como referentes en la difusión del conocimiento de esta imaginativa y moderna forma alternativa de solución de conflictos.

Nuestro país permanece estadísticamente rezagado ante la irrupción del Procedimiento Arbitral, no porque no exista infraestructura o los Centros de Arbitraje adecuados y autorizados, menos el soporte legal, que está plenamente consolidado con la Ley 1770, sino porque todavía no se comprende esta nueva cultura de paz, que se manifiesta con el Arbitraje y la Conciliación.

Los cambios sucedidos en las pasadas décadas de la historia de la humanidad, a saber: la globalización, la internacionalización de los negocios, la incesante dinámica de la actividad económica, requerían respuestas inmediatas a sus menesteres, que emanen del Estado y de la estructura jurisdiccional, para obligar a la recuperación de las reglas de comportamiento que las reconocen plenamente las diferentes sociedades, y que están comprendidas en la Lex Mercatoria, como complemento a las necesidades de los ordenamientos jurídicos de los países.

Se ha manifestado repetitivamente que la administración de justicia, no sólo en Bolivia sino en el ámbito latinoamericano, está saturada de procesos y agobiada por la corrupción; lacerante estado que no escapa al conocimiento ni del más humilde litigante. Ello ha obligado a las partes en conflicto a buscar alternativas para resolver conflictos, siempre y cuando se circunscriban a exclusiones que la propia Ley 1770 determina, y donde específicamente se ha confirmado la importancia del Arbitraje y la Conciliación.

El entusiasmo por esta nueva alternativa de impartición de justicia es patente en los jóvenes y futuros juristas que culminan sus estudios en las diferentes universidades. En la actualidad se presentan innumerables tesis o trabajos de grado que formulan, bajo planteamientos jurídicos muy bien fundamentados, que la conciliación sea obligatoria antes de la iniciación de cualquier contencioso judicial, dando opciones a las partes para asumir esta formalidad previa, evaluarla y hasta rechazarla, para seguir con un proceso jurisdiccional ordinario. Pero aún así, sería un gran adelanto y los jóvenes han comprendido perfectamente la necesidad del enraizamiento en el ciudadano boliviano de la cultura de paz, energía donde descansa el futuro del Arbitraje y la Conciliación, y en el próximo futuro de la Conciliación Obligatoria antes de un proceso ordinario.

La mayoría de las universidades se ha adherido a la importancia de las materias de especialización como el Arbitraje y la Conciliación, Seguros, Patentes y Marcas, Derecho Aeronáutico, Derecho Comercial, Contratos Petrolíferos, Derecho Ambiental y otras, y las han incluido en sus programas de estudio, porque consideran impostergable que se deba ampliar el horizonte de los futuros abogados, dándoles la oportunidad de enrolarse a la corriente mundial de modernización de la Carrera de Derecho.

Esto último preservará a los futuros juristas de mancillar su dignidad con las consabidas prácticas de corrupción y dilatación indebida de los procesos, generando una confusa deformación del apostolado de la abogacía, además de la escasa fiabilidad que la justicia ordinaria acusa en la población.

Es vital la convivencia íntima con la cultura de paz, que desarrolla a los pueblos, los fortifica en su madurez, exalta los valores de la solidaridad y elimina los dañinos prejuicios que, con tristeza, aún influyen en el interrelacionamiento humano. Reiteramos, hay una tangible esperanza en los jóvenes juristas bolivianos que han asumido el reto de ser los pioneros de aplicar axiológicamente la abogacía, simplemente por la sencilla y contundente razón que es la ciencia social por excelencia y de su concepción humana depende el advenimiento de una consolidada cultura de paz.

El autor es Abogado Corporativo y Postgrado y Docente en Conciliación y Arbitraje.

 



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