¿Colonizar o descolonizar?
Hernán Zeballos H.
Los recientes anuncios gubernamentales sobre el propósito de trasladar algunas miles de familias campesinas del altiplano a Pando, y otros posteriores que hablan de realizar otras migraciones con varios miles de familias hacia Santa Cruz y Beni, activaron mi memoria para recordar el extraordinario trabajo que se hizo a partir de 1959, mediante la Corporación Boliviana de Fomento para desarrollar el plan de colonización hacia el norte de La Paz, el Chapare y la zona de Yapacaní en el departamento de Santa Cruz.
Esta política nacional de migraciones rurales-rurales fue incorporada en el Plan Decenal de Desarrollo 1962-1971, que planteó la necesidad de trasladar 100.000 familias en la década desde las tierras del altiplano hacia las “tierras bajas” del país, una meta muy ambiciosa para un período corto. Pero desde los esfuerzos iniciales, con fuerte promoción hacia las poblaciones del altiplano, 40 años más tarde esa meta fue largamente superada.
Pero el proceso de migración interna se fue gestando en los primeros asentamientos en la parte inicial de acceso al Chapare desde Cochabamba, la zona del Paracti, en la zona de Yapacaní hasta Puerto Grether, como resultado de las rutas que siguieron los jóvenes campesinos que retornaron de la Guerra del Chaco. Esos primeros grupos humanos luego fueron engrosados con el trabajo de los destacamentos de colonización liderados por ese Quijote llamado Cnel. Epifanio Ríos Zambrana, seguido de su leal ayudante el Tte. Víctor Heredia, quienes abrieron una brecha de 50 m. de ancho y algo más de 200 Km. desde Puerto Grether hasta Chimoré, con el apoyo de 1000 soldados, sobre ese eje se construyó la carretera Yapacaní – Villa Tunari, con una extensión posterior a Puerto Villarroel.
Al trabajo pionero le siguieron el proyecto Alto Beni, Area 1, elaborado en la CBF y apoyado (¿cuándo no?) por USAID, que significó el inicio de los programas de colonización dirigidos. Luego vino el BID financiando los proyectos de Alto Beni área II, Chimoré y Yapacaní. Posteriormente entre 1976 y 1980, le siguió San Julián en Santa Cruz., nuevamente financiado por USAID. El Alto Beni sentó las bases para lo que es hoy la saludable economía regional sobre la base del cacao. En torno a esos proyectos se dio un proceso de asentamientos espontáneos que determinaron la reconfiguración de nuestro territorio logrando una mayor integración nacional y nuevos polos de desarrollo. La economía cruceña, con sus nuevos líderes productivos de origen altiplánico, no sería lo que es hoy, sin esa visión de largo plazo que tuvieron en ese momento nuestros conductores de la política nacional y una pléyade de profesionales que contribuyeron con su trabajo intelectual y su vocación de servicio a esa importante tarea.
Con los anuncios que se da sobre esta materia, ¿se repetirá algo parecido en los próximos 50 años? O, contrariamente, ¿se acentuará el proceso de descolonización?, para lo cual hay un Ministerio específico. Parecería que el intento mayor en este momento es borrar la Historia, ya se ha eliminado la República, ya se ha declarado que el Palacio de Gobierno ha sido levantado sobre territorio aymara. Hace un par de días en un período de celebración se ha dinamitado un busto del prócer Pedro Domingo Murillo en una localidad paceña. Estos son claros indicios de que la corriente descolonizadora, con sus ribetes de neonazismo en nuestra tierra, parecería tener una mayor fuerza. Contra la tendencia integradora que se vivió entre 1960 y el 2000 parecería que predomina la tendencia desintegradora denominada descolonización.
Esperemos que la nueva propuesta de trasladar miles de campesinos de las tierras altas a nuestro subtrópico aproveche las experiencias del pasado para integrar el país social y económicamente y no como una corriente forzada con propósitos de dominación o desintegración nacional.