Sigue la porfía con la altura
Ernesto Millán Bernal
Nuevamente están surgiendo voces, esta vez la del segundo a cargo en la selección brasileña, sobre el tema de la altura. ¿Se están curando en sano? ¿Están preparando el terreno para una posible derrota? No lo sabemos, pero de que hay signos de una nueva embestida en contra del país, sí los hay.
Los argumentos que Jorginho expresa (El Potosí-22-06-09) se basan en su experiencia, ya que dice que ha jugado siete veces en la altura de La Paz, y sobre eso reclama, por la “criminalidad” de hacerlo nuevamente. A esta altura y viendo cómo se desempeña el equipo de Brasil en las justas de la Copa Confederaciones… como una de las mejores selecciones a nivel mundial, no cabe duda que está siguiendo un papel asignado por alguien, para volver a movilizar este asunto, para los mandamases de una organización que ya nada tiene de “expandir”, como filosofía, la práctica sana del más popular de los deportes como es el fútbol, sino de hacer negocios a como dé lugar, con las reglas y sanciones que sólo ellos dictan a sabor y capricho, olvidándose de sus propios principios, sobre los cuales se basa su organización.
Pero, esta vez en el mismo campo con el que justifica el susodicho ayudante de campo de la “verde amarelha”.
Si es inhumano jugar en La Paz, “porque le falta aire al futbolista, no puede recobrar la salud, hasta es imposible respirar, menos recuperar el aliento”, qué nos pueden decir sobre la experiencia del jugador que al bajar al nivel del mar, su sistema se desencaja, mucho más en los campos deportivos. La sudoración es excesiva, se pierde líquido a más no poder, la salivación falla y la necesidad de tomar líquidos es imperiosa. Y hacerlo es un desatino, ya que un cuerpo recién llenado de líquidos, no funciona como es debido. Además es sólo el comienzo, los pies en especial se hinchan, hasta pedir a los utileros que se le consigan un número más grande de zapatillas o “cachos” porque ya están por reventar los pies, más aún si éstos están sometidos a golpes continuos y a marchas forzadas. Faltan fuerzas en los músculos de las piernas y brazos, donde se exige mucho más al cuerpo.
La velocidad del desplazamiento parece que se lo está haciendo en cámara lenta, porque la reacción es de esa manera, de un cuerpo que está acostumbrado a un nivel de presión atmosférica ¡mucho menor! Desde el inicio del juego parece haber una mayor distancia entre mente y cuerpo y es dificultoso pasar el balón en una fracción de segundo, como estaba acostumbrado a hacerlo. Las condiciones mentales también son alteradas, ya que la coordinación entre cuerpo y mente están dilatadas. Hay orden, pero la respuesta es lenta, hasta para pensar en sí. Mucho más si la pelota resulta más pesada.
Con el correr de los minutos, la situación no es controlada, ya que el intenso calor sobre una cabeza y cuerpo no acostumbrados a soportar semejantes temperaturas, empieza a emitir señales de alarma, como si tuviera la misma meningitis en casa. Peor aún si se juega donde hay ¡45 grados a la sombra y a las doce del día! y que al aspirar se encuentra con una ráfaga de aire muy caliente. Ducharse, ponerse hielo en la cabeza, o asimilar mucho líquido resulta infructuoso. Las condiciones de rendimiento empeoran para una segunda o tercera oportunidad seguida, ya que está prácticamente extenuado el deportista. Ni qué decir de la acción de la humedad, de un 80 a 90 por ciento. ¿Estas no son condiciones inhumanas?
Esta condiciones, extraídas de la experiencia de quienes han tenido la oportunidad de jugar no una o dos veces, sino muchas, en campos deportivos, de “bajura”, son aprovechadas, por dirigentes dispuestos a “matar” por inclinar la balanza de “un juego limpio”, “deportivo” en la extensión de la palabra, para el logro de algo que siempre se busca: la victoria. ¿Alguien se quejó alguna vez?
Hoy se continúa con la cantaleta de que el estadio Hernando Siles está a demasiada altura… y que se debería construir un nuevo escenario…
Todas estas “perlitas” deberían haber sido aclaradas hace rato con el Libro Blanco sobre el efecto de la altura en los deportes, y digo en plural, como ya lo establecí en otro artículo sobre el tema, porque hace a las demás disciplinas, porque así ya lo hicieron, incluso quienes “estaban con nosotros respaldándonos en este campo”, los chilenos, al haber negado la concurrencia de ciclistas a una competencia en la altura.
Es necesario ponerse fuertes, empleando todos los recursos (científicos, humanos, tecnológicos y económicos y hasta políticos) y de una buena vez acabar con lo que se ha empezado en esta lucha. Las conclusiones a nivel científico de las experiencias en campo, sobre el rendimiento corporal de los atletas, deben ser incluidas en un libro y distribuirlo a nivel mundial, para que de una buena vez también se acaben esas tonterías.