¿Política ingenua?
Hernán Zeballos H.
Como ciudadanos de nuestra querida Bolivia, hoy convertida en Estado Plurinacional, ya no más República, proceso en el cual toda la artillería del Gobierno apunta a cambiar desde la papelería, próximamente los billetes y monedas, y con esas modificaciones se empeñan en comunicarnos que ya no somos bolivianos, somos parte de 36 naciones, dentro de las cuales los patrones de conducta y referencia se supone que son otros. Creo que hemos pasado a ser las Naciones Unidas de Bolivia, para igualarnos al concierto de Naciones Unidas con algo más de 170 países.
Sin embargo, otras medidas son más desconcertantes. Hay un afán por destruir el aparato productivo ligado supuestamente al nefasto “capitalismo” internacional, la raíz de todos los males del planeta. Primero, sistemáticamente se ha hecho todo lo posible, mediante subterfugios o medidas concretas, para destruir la economía cruceña, desarrollada a lo largo de 40 años. Primero, simulación para mantenerse en el ATPDEA, con gestiones tardías, lo que se mantiene hasta ahora. Se ha pedido el retiro de la DEA, se mantiene esta exigencia, organismo estrechamente ligado al control del narcotráfico. Se impide las exportaciones, se determina permisos que burocratizan el proceso y se restringe la provisión del insumo básico: diesel para mover el aparato productivo. Ahora, se simula negociaciones, ya que la cabeza de ANAPO se encuentra en manos de una persona de origen potosino, humilde, como fueron en su momento ciertos líderes campesinos. En contraste, se acentúa el crecimiento del narcotráfico, como secuela lógica de la expansión del cultivo de la coca que cada vez se extiende más por diferentes regiones de nuestro subtrópico.
Pero la suspensión del ATPDEA también afecta duramente a industrias establecidas en EL ALTO, pequeñas, medianas y grandes, las cuales empiezan a cerrarse. A las agravantes que determina la crisis económica internacional le añadimos leña al fuego al adoptar medidas que se contraponen a convenios de larga vigencia.
Frente a la pérdida de mercados para nuestra producción, no sólo en Estados Unidos sino también Europa y otros mercados, pretendemos que Venezuela y Brasil nos “hagan el favor” de comprarnos aquello que dejamos de vender a dichos mercados. Sucede que Venezuela, aparentemente la gran amiga, a la que seguimos ciegamente, tiene sistemas burocráticos que entraban todo y no absorben la totalidad. Sin embargo, el mentor hace excelentes negocios con USA, no sólo en hidrocarburos, sino también le compran soya y derivados. Brasil resulta competidor, excepto en gas, en el resto produce lo mismo, con ventajas enormes por su mayor escala de producción.
Luego se abre el frente con el Perú. Insultos van e insultos vienen. No guardamos ni siquiera las formas. Mientras el Perú retira su Embajador, nosotros “panchos” dejamos al nuestro en Lima, el cual no se inmuta en decir que las relaciones son “normales”. ¿Ingenuidad o estupidez?
Pero el contraste y daño mayor está en la industria hidrocarburífera. Venezuela ha prometido inversiones por más de mil millones de dólares, lo mismo Irán, lo mismo Argentina. ¿Donde están? Se bloquea grandes extensiones a favor de estas concesiones. Y seguimos dependiendo de los contratos reformulados, a título de “nacionalización”. Se concede compensaciones millonarias, se ignora los pasivos, se asume las deudas contraídas por las odiadas “transnacionales” mediante contratos que se maneja de manera directa. ¿Se cumple la exigencia de que todo pasa por los Directorios y el Congreso Nacional para su aprobación? Nada. Mientras nuestro amigo, redondea negocios con Argentina, respeta sus compromisos con Brasil. Nuestros vecinos adoptan medidas para proveerse de gas de allende los mares o de nuevas fuentes propias, con grandes inversiones. Mientras nosotros empezamos a desmejorar en nuestro abastecimiento interno. Existen numerosos otros ejemplos de estos “cambios” que hacen más daño que beneficio.
¿Es una política de ingenuidad o de ceguera dogmática? El tiempo lo dirá. Mientras tanto suframos las consecuencias.