Bolivia y sus vecinos magos
Bolivia, país enclaustrado en sus breñas andinas, cercenado de la puerta al mundo, por un asalto bucanero de uno de sus vecinos, por cuya codicia frente a las riquezas, apoyado por potencias extra continentales, en un acto de piratería invadió el Litoral boliviano, tomando para sí aquel extenso territorio. Por tal acto de barbarie, inédito en el orbe, sigue aún hoy, después de más de una centuria, detentando territorios que no le pertenecen bajo ningún derecho, amparado únicamente en la fuerza, con la silenciosa complicidad de todos los organismos que dicen defender las relaciones entre los países.
No satisfecho con los enormes beneficios fruto de sus tropelías en los territorios arrebatados por la fuerza de las armas, no cesa de seguir con un sinnúmero de agresiones, no otra cosa es el desvío del río Lauca, la usurpación de las aguas de los bofedales del Quetena, el litio del Salar de Uyuni, el minado de la frontera, que en sí es un acto no sólo inamistoso, sino una provocación a un conflicto armado.
Chile convierte el bofedal del Quetena en un “río” de curso internacional, acto de prestidigitación que en el cualquier concurso de magos ganaría el primer premio. A partir de 1908 consolida el uso de este líquido elemento con el sofisma de su uso en calderos del ferrocarril Antofagasta (Chile) & Bolivia Railway Co., haciendo llegar el agua, que es la vida misma, a varias poblaciones, a la mina Chuquicamata, para uso agrícola, generando grandes fortunas a costa de un obsequio, por el encantamiento del Prefecto de Potosí.
No contento con haber creado por arte de magia este “río” de curso internacional denominado Silala, que sólo existe en la mente de los chilenos, hace desaparecer el río Lauca, que siendo un río de verdad de curso internacional, se convierte, gracias a obras de desvío realizadas, en un río que se origina en territorio chileno, cambia de cuenca endorreica a un río de cuenca del Pacífico, quedando su desembocadura en territorio boliviano, prácticamente reducido a un simple arroyo que únicamente subsiste con la recarga de las aguas de precipitación pluvial y algunas de origen subterráneo en territorio boliviano. Por aquel sortilegio deja al borde de la extinción a la raza Chipaya, dejando de lado la declaración de Madrid de 1911, la declaración de Montevideo de 1933, y como si todo fuese poco, en solemne acto un 14 de abril (Día de las Américas) de 1962 a las 16:00, el presidente chileno Jorge Alessandri Rodríguez ordena que se abran las compuertas de Chapiquiña, desviando las aguas del Lauca hacia el Valle de Azapa, quedando el lago Coipasa huérfano del aporte de esta agua.
El encantamiento sigue, pues los gobernantes de turno aceptan un supuesto pago de un 50% del consumo del inventado “río” Silala, sujeto además a un previo consenso que autorice al Estado chileno, el realizar un pago por este consumo, con un estudio previo de 4 años para determinar el origen de esta agua.
Los magos en rigor de verdad no sólo son nuestros vecinos chilenos, también los hermanos peruanos están a punto de hacer desaparecer el río Mauri, creando en un futuro muy próximo un desierto, mediante los canales Calachaca, Chuapalca, Patapujo, quedando la comunidad de Charaña en sólo un recuerdo, donde apacentaban llamas, alpacas y ocasionalmente algunas vicuñas, además de los ganaderos de camélidos que serán a corto plazo una simple leyenda. Si esto no es un arte de alta prestidigitación, no sé cómo se lo podrá denominar.
Es tan grande este encantamiento que además el Gobierno plurinacional está empeñado en llevar adelante la agenda de los 13 puntos con Chile, número cabalístico, de los cuales ninguno favorece ni tangencialmente a los intereses bolivianos. Si esto no es magia, es que simplemente no existe la visión y capacidad suficiente de la parte nacional de negociar con dignidad, llevados todos por una miopía rayana en la estupidez, tanto ayer como hoy.
Dr. Juan Albarracín Millán, Presidente de Sociedad de Estudios Históricos; Gral. Brig. Emilio Luizaga Guzmán, Secretario – SEH.