Bolivia, 26 de junio de 2009
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Democracia no es jugar, es obrar

Con honestidad y responsabilidad

Armando Mariaca V.

El término Democracia – tanto para gobiernos constitucionales como para los de facto – es palabra bonita, es el mejor ideal que aceptan los pueblos, es el imán que atrae apoyos, admiración y hasta esperanzas. Se espera siempre que quienes aducen tener como objetivo “gobernar” apegados a la Democracia o sea a la Constitución y las leyes, lo harán bien y tomarán como guía de sus actos la honestidad y la responsabilidad. Lamentablemente, todo queda en una especie de “slogan” porque – así se ha demostrado a través de muchas décadas – la toma del poder se ha hecho el objetivo más imperioso, más importante y más apetecido. Así, unos lo alcanzan por los medios legales y otros imponiendo el derecho de la fuerza.

Los hechos de octubre de 2003 dejaron una secuela y, a la vez, una esperanza: primero, la necesidad de que todo se componga, que desaparezcan las rivalidades, los odios, los revanchismos y otros males que todo proceso de “bajar a un Gobierno” deja; por otro lado, la esperanza de que los nuevos “subidores” al poder abran los cauces para contar, en breve tiempo, con un Gobierno que tomando las experiencias de lo recientemente ocurrido, enmiende conductas, modifique actitudes y administre el país consciente, honesta y responsablemente. Mucho de esto se hizo en los gobiernos del Lic. Carlos D. Mesa G. y del Dr. Eduardo Rodríguez V. Logradas las elecciones de diciembre de 2005, las esperanzas se hicieron mayores y lo visto en los diferentes candidatos mostraba caminos no claros, inciertos, débiles, tortuosos, etc.; con todo, las esperanzas se hicieron maduras, fuertes. Llegados los resultados, ganó el Sr. Evo Morales Aima con un 54% del padrón electoral y los demás candidatos – con mucha vergüenza y frustración – quedaron “escaldados como niños sin baño ni talco ni pañales”. El pueblo se vio obligado a preguntarse: ¿Y ahora, qué pasará? ¿Será verdad que habrá cambios a favor de todos? ¿Se mantendrá lo bueno existente y se incrementará la unidad nacional? ¿Habrá llegado el momento de tomar conciencia de país? ¿Serán sinceras las promesas del Presidente electo? ¿Logrará conformar un equipo de colaboradores que trabaje eficiente, honesta y responsablemente? ¿Hasta qué punto el MAS repetirá los viejos errores del MNR y otros gobiernos que por proclamar “revoluciones” hicieron lo contrario a todo lo prometido?

En tres años y medio, nada de lo ofrecido se cumplió. Si hubo cambios fue para que todo siga igual o peor. El partido de gobierno, tal vez para satisfacer la egolatría del presidente Morales, todo lo ve “color de rosa” y cree que “nada se hizo mal y todo fue positivo”. Como se ha visto en muchas épocas de la vida nacional, los llamados “revolucionarios”, desde enero de 2006 han ofrecido que la “revolución hará sus milagros” y la realidad fue negativa: por estatizar, el 1º de mayo de 2006 – como primer gran acto revolucionario – se “nacionalizó” empresas petroleras capitalizadas aunque todo se trató de simples compras de sus activos y pasivos llegándose al extremo de pagarles por los impuestos que ellas debían pagar al fisco. La producción de petróleo y gas bajó considerablemente hasta el extremo de no poderse cumplir con los contratos con Brasil y Argentina y, además, restringir seriamente el uso doméstico y todo porque ya no hubo inversión ni en capitales ni en tecnología en espera de “nuevas reglas de juego” o la firma de nuevos contratos que hasta ahora no pueden concretarse. Esta medida lo único positivo que logró fue aumentar regalías e impuestos. Los precios del petróleo en el mercado internacional favorecieron las medidas “nacionalizadoras” porque el país recibió más dinero; pero, no por trabajar y producir más sino por efecto de los altos precios del petróleo. Hoy, quedamos tan sólo con el viejo anuncio de tener “54.9 trillones de reservas de pies cúbicos (TCF)” que, en realidad, esas cuantificaciones sobre el gas no fueron confirmadas del todo y hoy no tenemos idea de lo que tenemos. La economía del país fue tomada “a la chacota” porque como se trataba de una “economía neoliberal” no era aceptable y se impuso condiciones o sanciones a las exportaciones (caso del aceite y la soya), se disminuyó la producción, se llegó a evitar tratados de libre comercio, se evitó la renovación del ATPDEA con los Estados Unidos, debilitamos nuestra posición con la Unión Europea, con la CAN y otras instituciones internacionales financieras y de comercio. No aprovechamos altos precios de minerales y materias primas en el mercado internacional y, lo más grave, no hay garantías para las inversiones porque no hay sustento jurídico alguno que garantice las inversiones ni nacionales ni extranjeras. Así, pues, la “revolución marchó”, pero al precipicio si comparamos nuestras estadísticas con cualquier país del mundo y, mucho más, con las de los países vecinos.

La economía no es jugar en nombre de la Democracia, porque la Democracia es libertad, emprendimiento, aceptar desafíos y vencerlos, producir y crear riqueza mediante las inversiones, el trabajo, la honestidad y la responsabilidad. Detallar los pasos en falso que hemos dado resultaría muy largo; queda, pues, el pedir que el Gobierno del presidente Evo Morales actúe tomando conciencia de país y tenga vocación de servicio; en otras palabras, administre esta República de Bolivia – a la que no hay por qué ni para qué cambiarle el nombre –, haga gestión, promueva las inversiones mediante las garantías jurídicas precisas y necesarias; que su partido y su gobierno actúen bajo el principio de que todos los habitantes de la República de Bolivia somos bolivianos y amamos esta Patria y querríamos su desarrollo, su progreso y su grandeza.

Finalmente, es preciso que el Presidente tome nota y conciencia de una realidad: nadie busca defenestrarlo o “bajarlo del poder”. Todos, directamente o no, querríamos que cumpla su mandato otorgado por el voto de un 54% del Padrón Electoral que lo han convertido en un Presidente Constitucional de la República de Bolivia y su régimen es constitucional, legal y legítimo. Lo que se busca es que – repitiendo hasta el cansancio – gobierne, que se rodee de colaboradores eficientes, honestos y responsables. Que su partido, su entorno y él se olviden del racismo, del odio, del revanchismo, de los complejos y de tantas lacras que le hacen tanto daño y que podrían perjudicarlo seria y gravemente.

 



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