Senadores y diputados
por La Paz
Floren Sanabria G.
Hace algunos años, quienes aspiraban a ingresar al Parlamento representando a un distrito, no necesitaban pertenecer, forzosamente, a un partido político, lo hacían por su propia cuenta y teniendo en consideración sus posibilidades y el apoyo que podrían obtener de la población correspondiente.
La adopción del voto universal impuso forzosamente la papeleta multicolor y multisigno, considerando la mayoría analfabeta que se integró al juego democrático; desde entonces, como no podía ser de otra manera, los partidos políticos se “apoderaron” del sistema y son ellos, los relativamente mayoritarios solamente, los que seleccionan a los candidatos, con exclusividad entre su propia militancia. Eso es lo que la ciudadanía censura precisamente
Los partidos que tienen derecho a presentarse a los comicios designan a sus candidatos sin tener en cuenta su capacidad, honorabilidad, sus virtudes morales, prestigio y aceptación en la región, sino solamente aquilatando sus “méritos” partidarios y su popularidad dentro de la colectividad política.
Esta última condición es la determinante, porque el candidato a senador o diputado, que muchas veces apenas sabe leer y escribir se moviliza activamente, presiona de tal manera que la directiva partidaria se ve obligada a dar curso a sus pretensiones. El resultado es, como se ve, cantidad en vez de calidad en el Poder Legislativo, sólo abren la boca para hacerse presentes en el momento de la “lista” y para decir sí o no cuando hay que votar, con la facilidad de que ni siquiera tienen que pensar para expresar su anuencia o su rechazo, porque el voto es por consigna partidaria, no por convicción, con libre albedrío.
Por estas circunstancias el Parlamento Nacional -que debería tener gente capaz, ser la reunión y la tribuna más alta porque en ella son debatidos los intereses nacionales, se decide sobre las grandes situaciones, problemas, necesidades y gestiones relacionadas con la política nacional, con la vida y desarrollo del país- malgasta la mayor parte de su tiempo en interpelaciones a ministros de Estado, investigaciones, discusiones y exposiciones de carácter político, con grave perjuicio para el país, que lamentablemente necesita de leyes que sólo las cámaras pueden aprobar o rechazar, y que son necesarias para la acción del Estado y para la misma vida de la Nación.
El Legislativo está totalmente politizado, las grandes decisiones que se relacionan con los grandes intereses del país, se las adoptan, lamentablemente, por razones políticas, como juicios de responsabilidad, apremios, persecuciones, y sin tener en cuenta ninguna otra consideración, lo que significa que las llamadas “brigadas” o “bancadas” actúan por consigna y acatando sumisamente las instrucciones de Palacio de Gobierno y no la voz de la inteligencia y conciencia de cada representante nacional que debería decidir teniendo en cuenta los superiores intereses de la población.
En el caso de senadores y diputados por La Paz, están totalmente dedicados a la política menuda, a intereses partidarios y a preparativos para las elecciones de diciembre, porque desean ser reelegidos. ¿Qué han hecho por La Paz en estos tres años y medio? Nada, es la respuesta, nada trascendental por el progreso de la ciudad, El Alto, las deprimidas y abandonadas 20 provincias. Los “honorables” levanta manos, que gozan de jugosas dietas sin trabajar, no se pronuncian, por ejemplo, sobre el caso de los hidrocarburos en el Norte paceño. La Cámara de Diputados, como gran cosa, aprobó el convenio el 14 de enero, desde entonces la ley se encuentra detenida en el Senado y no sabemos hasta cuándo, tal vez hasta la próxima apertura de la Asamblea Legislativa Plurinacional.