La voracidad de la política
Juan Bautista del C. Pabón Montiel
En la selva de la política nacional, llena de ambiciones, desfilan todopoderosos dándose de inteligentes o talentosos. Son soberbios de barro, y fragua de las miserias humanas. “En Bolivia se vive como chacales y se muere como leones”, afirma don Fernando Diez de Medina (1).
Usted puede observar detenidamente al humilde de ayer, al que solía caminar con una chamarra y un vaquero wangler, mudar su vestimenta, calzar zapatos más lujosos, utilizar vehículos del Estado, con o sin autorización. ¿Fue metamorfosis? No. Solamente un engaño, una pose, el demagogo en acción, el mitómano a fuerza de mentir.
Estamos en campaña electoral, con desfile de bonos, pasarela de elocuencias, al no ser mujeres muestran la desnudez del alma: miseria de miserias. Hace días apareció nuevamente un malabarista en nombre de un partido, en el programa televisivo QNMP. Evadiendo responsabilidades, soslayando respuestas que el presentador John Arandia no calló. El entrevistado es conocido por ser hijo de un ex Presidente práctico, el que implantó en la vida política el “triple empate”, el pacto inmoral con el adversario del pasado, represor de su militancia. El mago de los acuerdos de ese Gobierno, fue recluido cinco años en la cárcel de San Pedro, suspendidos sus derechos ciudadanos y con un testamento de transacciones con hombres del narcotráfico. Pero el entrevistado hablaba de la nueva oportunidad para los que “no tuvieron opción”, siendo que retuvo diputación y poder ilimitado en sus manos, pues su padre era el alquimista Presidente.
Aunque no compartimos la idea de buscar culpables, tampoco podemos ocultar a quienes hoy intentar volver como si nada hubiera ocurrido. Los partidos tradicionales, los hombres que mal manejaron los negocios del Estado, los que pignoraron las riquezas, los que destruyeron las instituciones con el título de capitalización, los mayores culpables del actual estado de cosas, posibilitaron la llegada del Presidente cocalero arrogante.
Según lo que vemos, todos los que medraron de la política hoy viven sin apuros económicos, sin resquemores por el mañana, pues tienen asegurado el futuro viviendo de “sus rentas”, en tanto todos recordamos los vaqueros y las chamarritas que usaban en sus campañas electorales. Y estos defraudaron a toda una generación que puso su fe en ese partido que todos conocemos. Estafaron la confianza, los bonos desde cinco bolivianos circulaban por las calles de las capitales, con la promesa de la nueva Bolivia. Por el robo de los ahorros de gente humilde nadie reclamó en un juicio de responsabilidades, que sí se debería haber planteado.
Toda una pantomima para que los volvamos a creer, olvidando el pasado. Señores, recordamos plenamente el paso de todos ustedes, cual tornado que arrasó todas las formas morales y espirituales que adornaron a una tanda de jóvenes fieles a ese partido, ensangrentado con los masacrados en la calle Harrington, incluida la delatora a decir del dictador preso Luis García Meza.
Esa historia tampoco se la cambia, señores.
Referencias
“Hechicero del Ande”, biografía fantástica de don Franz Tamayo Solares, escrita por don Fernando Díez de Medina.