21 de junio: solsticio de invierno“Mara T’aqa” Andino
Hilarión Chinahuanca Siñani
En 1551, después de la invasión española, varias ceremonias religiosas indígenas fueron prohibidas, entre ellas: el culto a la Pachamama, la veneración al padre Sol, Mara t’aqa, el Inti Raymi (quechua); lo cual significa un proceso hegemónico de destrucción de las bases espirituales y religiosas. Asimismo, hubo etnocidio de los pueblos indígenas y la imposición por la fuerza de las visiones y paradigmas europeos de la época de la colonia, que aún perduran hasta nuestros días.
Los antiguos nativos agricultores del altiplano andino se regían por la observación de los fenómenos astronómicos (Chakana, qutu, warawara, willka, phaxsi), para guiarse en cuanto a los movimientos que debían iniciar las diversas faenas agrícolas y ganaderas. Es decir, el hombre andino desde su cosmovisión filosófica mantiene permanentemente una estrecha relación con la Madre Naturaleza.
En consecuencia, el “Mara T’aqa” es el rompimiento del año, que se celebra en gran magnitud con el retorno del Sol o “Willkakuti” y año nuevo Aymara “Machaq Mara” en el Santuario de Tiwanaku y en otros sitios o “Wak’as Sagradas” en diferentes regiones de nuestro territorio y países vecinos. El solsticio de invierno es el punto en el cual el Sol se aleja más de la tierra, por esta razón el 21 de junio es la noche más corta y fría del año según el calendario andino. Este fenómeno natural marca la finalización del período de cosecha y el inicio de una nueva época de siembra. Del mismo modo, los animales mudan su pelaje natural y las semillas se preparan para comenzar a brotar espontáneamente. Esta fiesta del solsticio de invierno fue celebrada por nuestros ancestros, y a su vez por los ancestros de nuestros ancestros, desde hace milenios.
El retorno del Sol o “Willkakuti” marca la apertura de un nuevo ciclo agrícola. En efecto, los primeros rayos solares están impregnados de una energía positiva y renovadora con el objeto de purificación a través de las fuerzas cósmicas y telúricas del Willkakuti, según el criterio de los amawtas y tuqapus que ejecutan las tradiciones ceremoniales en homenaje al padre sol (Tata Willka).
El año nuevo aymara (5517) o “Machaq Mara”, que también inicia el 21 de junio tras el paso del sol a través de la Puerta de Sol en las ruinas del templete de Qalasasaya de Tiwanaku, que esconde el símbolo de toda una cultura agrícola, social comunitaria y mitológica. El rito que se realiza es en agradecimiento al sol y la Pacha Mama por las buenas cosechas del año.
En junio los pueblos indígenas celebran de acuerdo con los usos y costumbres de cada región, con wilancha (ch’alla con sangre de llama) y ofrendas (fetos de llama, mesas de dulce, yerbas aromáticas y otros) para que los dioses tutelares que moran en los nevados de los Andes y la Pacha Mama sean magnánimos con las siembras y las cosechas del altiplano, valle y trópico. La misma es acompañada con música y danza nativa, entre ellas: el Siku italaki, jach’a siku, chuqila, qina qina, jula jula, ch’iri ch’iri, qarwani, etc., según el ciclo musical de Awtipacha.
Este hecho cultural y religioso es parte del alto conocimiento de la sabiduría milenaria y ciencia andina basada en las leyes naturales de la vida y la ley cósmica. Por lo tanto, la armonía, el equilibrio y la complementariedad son postulados de la Cultura Andina.