Bolivia, 7 de junio de 2009
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La difícil tarea de alimentar a los niños

BBC Mundo.- Todo padre y toda madre de un niño pequeño sabe que la hora de la comida puede ser un campo de batalla. La especialista Su Laurent afirma que algunos padres atribuyen los caprichos de sus hijos a trastornos alimentarios en lugar de calificarlos como lo que son: mala conducta.

Me paso buena parte del tiempo revisando a niños saludables, cuyos padres están convencidos de que padecen trastornos de nutrición.

Confundidos

Algunos aseguran que sus bebés están incapacitados para tragar sólidos; otros piensan que sus pequeños simplemente “desaparecerán” a menos que se les ofrezca esas pocas comidas que les gustan. Mientras que otros juran que sus hijos no comen “nada absolutamente”, mientras estos ¡se vacían un paquete de de golosinas frente a mis ojos! Los tres casos son ejemplos de qué arma tan poderosa es la comida y de qué tan rápido comienzan los niños a manipular a sus padres.

La mayor dificultad que encuentro es que los padres frecuentemente tienen fija la idea de que sus hijos sufren un trastorno de alimentación y puede ser muy difícil convencerlos de que, por el contrario, sus pequeños son muy poderosos y se están saliendo con la suya: comen exactamente lo que quieren y nada más. Es más habitual que un padre dedicado crea que su pequeño padece un problema y no admita una falta de conducta.

Papas fritas... o papas fritas

La verdad es que me desanima escuchar historias de almuerzos que se prolongan durante horas, de niños a los que hay que alimentar a la fuerza, o de otros a los que los padres les dan de comer haciendo peligrosas maniobras mientras los distraen con la televisión. Hay algunos padres que llegan a saltar sorpresivamente por detrás de un sillón para llamar la atención del hijo ofuscado que ha cerrado la boca.

Otros se conforman con que su hijo se limite a comer papas fritas, trozos de pollo frito o cereales con chocolate. Una madre me contó con orgullo que, desde la última vez que había traído a su hijo de siete años, éste había aceptado un nuevo tipo de comida. Ahora, además de papas fritas de McDonald’s, ¡comía papas fritas de otra marca! Se podrán imaginar la cara que puse.

Estos niños generalmente están obesos y, sin embargo, sus padres viven con temor de que se les mueran de hambre a menos que coman exactamente lo que quieren comer. En estas familias la comida domina, y los padres se han metido en un lío del que no saben cómo salir.

¿Quién cederá?

Entonces, ¿cómo deberían abordarse estos problemas?

Los principios básicos son:

• Hacer de la hora de comer un rito entretenido

• Comer con los hijos todas las veces que sea posible

• Acabar con la alimentación a la fuerza

• Dejar que siga su ejemplo y se alimente él mismo, aunque se ensucie

• Y recordar que los niños saludables jamás se dejarán morir de hambre

Los bebés pueden comer con la mano desde muy pequeños y, sin embargo, los padres prefieren darles la comida con cuchara para ensuciar menos. Un pequeño que siente que está siendo alimentado a la fuerza desarrolla una asombrosa capacidad de cerrar la mandíbula, mover la cabeza, hacer arcadas y negarse a tragar. Por eso, es mejor presentar a los niños una pequeña cantidad de comida sana y quitar el plato después de 15 minutos, incluso si no ha tocado el alimento.

Refrigerio

No haga un drama y resista la tentación de darle un refrigerio antes de la próxima comida, aunque se ponga furioso. Limite la ingesta de leche a medio litro al día, ya que muchos niños con mañas obtienen la mayoría de sus calorías de la leche. Entusiasme a su hijo a tomar agua o jugo de frutas muy diluido.

Recompense a su pequeño cuando pruebe algo nuevo y no lo castigue cuando se niegue. Un niño muy testarudo podrá rechazar la comida dos o tres comidas, pero eventualmente cederá, a menos que se le ofrezcan refrigerios fuera de hora.

Claro que, como madre de tres hijos, reconozco que todo esto se dice más fácil de lo que se hace.

 



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