Bolivia, 7 de junio de 2009
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En el año de Darwin

Alberto Kornblihtt (Convergencia)

Parte II

Selección natural

a selección natural fue descripta por Darwin como la “supervivencia del más apto” o el resultado de la “lucha por la vida”. El uso de estos términos es a menudo desvirtuado. En la visión popular el “más apto” es el más fuerte o poderoso, y la “lucha por la vida” es una guerra. Esta visión belicista fue exacerbada por los medios de difusión estadounidenses durante los años de la Guerra Fría. La realidad es que hoy sabemos que no es así como opera la selección. En forma simplificada, se puede decir que en una población pueden aparecer individuos con nuevos caracteres fenotípicos que son el resultado de mutaciones heredables en sus genes. Es lo que llamamos variabilidad genética. Dicha variabilidad se produce generalmente al azar. Ahora bien, si aquellos que portan la novedad, dejan más descendientes que quienes no la portan en el ambiente determinado en que viven, la novedad se irá expandiendo en la población, desplazando numéricamente a los que no la poseen.

Se dice entonces que la mutación que provocó la novedad tiene valor adaptativo positivo. En cambio si la novedad mutacional hace que quienes la portan dejen menos descendientes, la mutación tiene valor adaptativo negativo, y los portadores tenderán a desaparecer con el tiempo en ese ambiente. Puede ocurrir que la mutación produzca un fenotipo que sea visible, pero que no brinda ni ventajas ni desventajas reproductivas a sus portadores. Decimos entonces que el valor adaptativo es neutro. El carácter positivo, negativo o neutro de una mutación depende del ambiente en que se expresa. Si el ambiente cambia, un carácter negativo puede volverse neutro, por ejemplo. Una mutación heredable que impidiera a la mujer dar de mamar a sus hijos seguramente tendría valor adaptativo negativo en el paleolítico, pero neutro en la actualidad. Es el ambiente moderno el que provee reemplazos a la leche materna que no existían en el paleolítico.

Adaptación

Cuando hay selección positiva o negativa, la población resultante se nos muestra como más adaptada al medio. Llamamos a esto adaptación. Pero nuevamente, la tendencia natural del pensamiento no entrenado ve a la adaptación como el motor de la selección y no como su resultado. Romper con este preconcepto es una de las tareas más arduas y menos satisfactorias de los biólogos. Nuestro pensamiento es básicamente teleológico y por lo tanto nos es más fácil asumir que el deseo o la necesidad de adaptarse al medio provoca la adaptación a reconocer que la variabilidad que es seleccionada por el medio surgió de forma azarosa y que el medio actuó como un filtro dando por resultado una población que está adaptada y no que se adaptó.

Nuestro antropocentrismo teleológico nos lleva a desarrollar una hipótesis falsa, narcotizados por la fantasía lamarckiana. Si hay cucarachas en nuestra cocina y echamos Raid, mueren. Pero al cabo de un tiempo aparecen nuevas cucarachas resistentes al Raid. La fantasía lamarckiana nos indica que es el Raid el que provocó las mutaciones que hicieron resistentes a las cucarachas. Pero la realidad es que las cucarachas genéticamente resistentes preexistían en bajo número en la población original. Al echar Raid cambiamos el factor ambiental. Las genéticamente sensibles mueren y la mutación de resistencia pasa a tener valor adaptativo positivo en el ambiente Raid. El Raid es un agente selector, no el provocador de la variabilidad.

El adaptacionismo es la “enfermedad infantil” de la evolución. Por otro lado es también incorrecto aseverar que todo lo que observamos en los seres vivos en el presente ha sido seleccionado, se encuentra adaptado, o en la jerga teleológica, tiene una función o sirve para algo. Más allá de que en biología las cosas no surgen “para” sino como consecuencia “de”, las mutaciones con valor adaptativo neutro son muy frecuentes y no todo lo que observamos en el presente tiene función asignable. Nadie expresó mejor este concepto que el escritor italiano Italo Calvino en su libro “Tiempo Cero” cuando dijo: “Somos el catálogo de las posibilidades no fallidas”.

Evolución humana

Si bien la especie humana no escapa a las fuerzas de la selección natural y a las leyes de la evolución, su desarrollada capacidad de modificar el medio, su posibilidad de reflexionar sobre su propio estado consciente y de establecer complejas relaciones sociales la hacen única. Única en su actividad transformadora de la realidad y transgresora del mandato genético. Si bien nuestros genes son responsables de un cerebro grande con una corteza desarrollada y del desarrollo de un lenguaje oral articulado, hay consenso de que nuestras habilidades más sofisticadas son resultado de la herencia cultural y no genética. Es muy probable que nuestro genoma actual no sea muy distinto del de los caldeos o los egipcios de hace 5.000 años.

Sin embargo la evolución sociocultural, cuyos mecanismos nada tienen que ver con los de la biológica, ha logrado, en mucho menos tiempo, dar forma a nuestros comportamientos individuales y colectivos. Cabe aquí advertir sobre dos peligros inmanentes al tratar de discriminar entre lo heredado genéticamente y lo adquirido culturalmente: el determinismo genético y el darwinismo social. El primero exacerba el papel de lo genético en la determinación de las capacidades intelectuales, el segundo pretende explicar el comportamiento humano como una simple extensión del comportamiento animal, desconociendo nuestra capacidad de subvertir el instinto. En ambos abreva el racismo.

Adaptacionismo, creacionismo, determinismo genético, darwinismo social, diseño inteligente, lamarckismo y teleología son algunas de las categorías comentadas en este sucinto texto, que no se compadecen con nuestros conocimientos fundamentados sobre la evolución biológica. Su difusión e incluso aceptación masiva indican que aún tenemos un largo camino por recorrer para desterrar mitos, falsas concepciones y trivializaciones, tarea que hubiera seguramente apasionado a Darwin, quien era consciente de que el conocimiento científico es profundamente contraintuitivo.

Alberto Kornblihtt es Biólogo Molecular. Profesor Titular Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, UBA e Investigador Superior del Conicet.

Argenpress.info

 



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