El cerco a Tarija
El cerco de los campesinos a la ciudad de Tarija nos retrotrae a los cercos indígenas de 1781 que sufrió la ciudad de La Paz, amenaza que, ante otros amagos recientes como en Santa Cruz, indican que esa táctica que se podría suponer cosa del pasado, puede reeditarse como parte de la lucha de clases, sistema político que cuenta en el Gobierno no sólo con ideólogos sino también con instigadores. Si se consulta las motivaciones de este nuevo movimiento, la respuesta está en una forma de bonificación otorgada el año pasado por el prefecto de Tarija, Mario Cossío, con el nombre de Prosol, que ahora los campesinos piden ampliar en monto, además de otras exigencias económicas como la de administrar directamente determinados montos del IDH. Según la Prefectura de ese departamento el Prosol beneficiaría a unas 40 mil familias campesinas.
La pandemia de los bonos que comparten moros y cristianos, no sería tal si no tuviera cada vez más émulos diseminados por todo el territorio nacional. Empezó en El Alto con el Bono Esperanza, en la gestión de José Luis Paredes, le siguió Gonzalo Sánchez de Lozada con el Bono Solidario (Bonosol) y continuó la trilogía de bonificaciones del MAS: Bono Renta Dignidad, Bono Juancito Pinto y Bono Juana Azurduy de Padilla. Así esta política asistencial se prolongará en las proximidades de cada elección, y como se ve no es de exclusividad del Gobierno sino también de la oposición, en cuanto puede detentar alguna cuota del poder público.
La ciudad de Tarija se encuentra bloqueada en 17 puntos por los cuatro puntos cardinales y se han producido acciones tanto por los transportistas y pasajeros como por los campesinos como efecto de la prolongada interrupción de los caminos con perjuicio de pasajeros, conductores y del normal abastecimiento de la población citadina. Paralelamente la Prefectura y el Gobierno se acusan mutuamente. Este último dice que es el departamento más beneficiado con el IDH y que el Prefecto rehúsa parlamentar con el dirigente Alfaro de los campesinos. El Ministro de Hacienda sostiene que no se ha recortado fondos a ningún departamento ni municipio, mientras los voceros departamentales alegan que en el 2008 Tarija dejó de percibir 795 millones de bolivianos provenientes del IDH y en lo que va del año se le ha “confiscado” 530 millones de bolivianos del mismo origen, con el objetivo de impedir la realización de obras “de gran impacto social”. Por otra parte, el Ministerio de Transparencia y Lucha contra la Corrupción, tramita una serie de cargos sobre malos manejos en contra del prefecto Cossío.
Se puede decir que las autoridades departamentales están bebiendo de su propia medicina con el indicado Prosol, por un afán de no quedar corto frente a la dadivosidad del Gobierno y competir con éste en la distribución ligera de los recursos que nutren su hacienda. El padre que prodiga dinero sin destino cierto a hijos o parientes, se somete a entregas cada vez más considerables o a frecuentes “chantajes” como se acostumbra decir ahora. El Prosol es tomado no sólo como un derecho adquirido sino cual fuente inagotable. El usufructo del IDH –que brotó a raudales a Tarija- debe ser directo, sin intermediarios y sin rendición de cuentas. No se sabe si por casualidad o por qué, el presidente Morales acaba de decir que el famoso IDH “no es de Morales, ni de nadie, sino del pueblo”.
La demanda campesina referida es ya un antecedente y puede repetirse a nivel de los nueve departamentos bajo alternativa de cerco o asedio. Se acomoda a gusto al estilo de confrontar del que se hace derroche desde las más altas esferas gubernamentales. Lo más lamentable es que su producto no tendrá un sentido cierto, mi beneficiará a nadie, sino a unos pocos dirigentes. Fácil es tirar el dinero por la ventana, con el mismo estilo que en el siglo pasado lo hizo Manuel Isidoro Belzu.