La ciudad cuna de Benedetti
Heberto Arduz Ruiz
El uruguayo Mario Benedetti, recientemente fallecido, sin lugar a dudas fue uno de los escritores más leídos durante las últimas décadas del siglo pasado, si acaso se pudiese encasillar la producción literaria de un autor en círculos temporales. Es más, el deceso de Benedetti reavivará el interés por su vasta obra, que sobrepasa los ochenta títulos en todos los géneros. Numerosos poemas, transformados en canciones, recorren diversas latitudes y alegran el corazón de los pueblos.
A lo largo de sus libros Benedetti escribió y puso en labios de sus personajes conceptos sobre su entorno citadino, respecto a su Montevideo natal, de la que se vio forzado a vivir alejado durante 12 largos años de exilio, recorriendo en su peregrinaje Argentina, Perú, Cuba y España, debido al coraje que tuvo para calificar sucesos y hombres desde su propia perspectiva. Conforme le fue permitido retornó a su patria bienamada, para -como solamente él lo diría- poner lágrimas y besos como convicto y confeso de la vida cotidiana.
Nuestro autor parte del concepto de que Montevideo acumula referencias que la vinculan con Europa, a raíz de la nutrida descendencia de españoles, italianos y judíos que se avecindaron en su suelo. Quizás por ello la caracteriza como una ciudad sin mayor carácter latinoamericano, pero con una configuración especialmente apacible.
En su libro Andamios manifiesta que en Uruguay “no hay terremotos ni asesinatos políticos, ni balseros (¿a dónde irían?) ni guerrilla en activo, comparativamente hay poca droga y es el único país que se libró del cólera”; emitiendo opiniones comparativas cuando sostiene que: “Si uno se fija en el número de sus habitantes (1.300.000), debe admitirse que es una cifra más o menos corriente en las capitales latinoamericanas. Quito (1.420.000) y La Paz (1.400.000) apenas superan la población de la capital uruguaya”. Concluye en que Quito alberga un 14% de la población total de Ecuador, La Paz el 19 % del total de su país, en tanto que Montevideo cobija el 42% de la población total del Uruguay. Resulta, a su juicio, una capital desproporcionada.
Otro título que le asigna es el de capital provinciana. A este propósito apuntó con sorna que: “Hasta las hinchadas futbolísticas se inscriben en un estilo provinciano. Que un hincha de Peñarol se enamore de una chica de Nacional, o viceversa, puede originar resentimientos familiares de tal envergadura, que los conviertan en los Montescos y Capuletos del subdesarrollo”.
A decir de Benedetti por fortuna Montevideo mantiene un estilo de vida “bastante provinciano”, en el mejor sentido de la palabra, ya por la tranquilidad que en su regazo se respira, ya por constituir un espejo cultural de la Nación, o un mosaico arquitectónico, en fin, “una ciudad disfrutable y luminosa”, a la que como dejó dicho no cambiaría por ninguna otra. Esta la mejor ofrenda de Benedetti a su tierra que en el mes de mayo expande de un confín a otro su alegría de vivir y sus ansias de progreso. La masiva concurrencia de la gente al sepelio de Mario Benedetti, con aplausos y entonación de sus canciones, ponen de manifiesto la identificación del escritor desaparecido con su pueblo.