Conozcamos nuestra historia
Floren Sanabria G.
Con motivo del Bicentenario de Chuquisaca, el presidente Evo Morales Aima incursiona en historia nacional y sus “asesores” influyen para que ignore la revolución chuquisaqueña con Jaime Zudáñez a la cabeza del levantamiento de 1809, rindiendo solamente tributo a la patriota Juana Azurduy, haciendo resaltar con tozudez a jefes indígenas como los Katari. Ojalá no ocurra lo mismo con Pedro Domingo Murillo, que no sea suplantado.
Honrar la memoria de quienes pelearon por darnos libertad, sin discriminación racista, ni tergiversar, ignorar, menospreciar a líderes revolucionarios que tiene cada departamento del país y mencionar el sitial y fecha de recordación de caciques indígenas, es respetar la historia de Bolivia.
“Sólo la historia -dice Schopenhauer- da a un pueblo la plena conciencia de sí mismo”. Así es, y sin embargo, los bolivianos conocemos muy poco de nuestra historia. Tal vez lo que nos enseñaron en colegio y nada más. Es verdad, desde la escuela no nos inculcaron leer, somos poco curiosos con libros, periódicos y revistas, poca gente lee. No comprendemos, no nos damos cuenta exacta de la enseñanza que encierra, de lo mucho que se puede aprender al tomar un libro, conocer con detalle pasajes históricos no sólo de nuestro pasado.
Hay quienes dividen en cuatro “clases” las concepciones de la historia: la historia pragmática; la historia genética, la historia sociológica y la historia narrativa, mencionando como ejemplares las narraciones de los historiadores latinos Tito Livio, Tácito, Plinio el “Joven” y Suetonio.
La historia antigua se remonta desde los orígenes hasta el año 395 (muerte de Teodosio)
La historia Media, de 395 hasta 1453 o hasta 1492 (toma de Constantinopla por los turcos o descubrimiento de América).
La Edad Moderna, de 1493 hasta 1789, Revolución Francesa.
Edad Contemporánea, desde 1789 hasta nuestros días.
La prehistoria es el período anterior a la historia, basada exclusivamente en tradiciones y leyendas.
Miguel de Unamuno dice a este respecto: “Y podemos afirmar que en principio fue el libro. O la historia. Porque la historia comienza con el libro y no con la palabra, y antes de la historia, del libro, no había conciencia, no había espejo, nada había. La prehistoria es la inconsciencia, es la nada”.
El conocimiento y estudio de la historia es necesario, no sólo porque así conocemos nuestro propio pasado, sino porque ella constituye una enseñanza, una lección permanente de hechos conocidos, de situaciones semejantes a las que se presentan casi a diario.
Así, Cicerón -político, pensador y orador romano- decía “que historiador es el que no se atreve a decir una mentira, ni teme expresar la verdad”. Porque la historia no solamente enseña, sino también entretiene, es amena, nos da a conocer grandes y pequeños pasajes que constituyen una novedad, que ilustran y amplían nuestra propia cultura.
Conocer nuestra historia nacional es más necesaria aún, porque al hacerlo estaremos transitando por nuestro pasado de gloria y catástrofes, nos enteraremos de nuestras realidades pasadas que generaron este presente nada satisfactorio: sin costa marítima, usurpada por Chile; hemos perdido el guano, salitre y cobre, sin el Acre que nos arrebató Brasil; hemos entregado la goma y castaña, sin el Chaco que perdimos en la guerra con Paraguay; hemos entregado el gas y el petróleo.
Con muchos desastres en el pasado y sin progreso, ahora, en el presente, conoceremos a nuestros antepasados de todas las edades, desde Túpac Katari que luchó en 1781 por la emancipación del Kollasuyo, sabremos de los guerrilleros de la independencia, nos enteraremos de la creación de Bolivia y recorreremos la galería de grandes presidentes como Antonio José de Sucre, José Ballivián, José María Linares, Narciso Campero y otros en el siglo pasado. Nos enteraremos de lo bueno y lo malo, de lo que contribuyó al estancamiento del país, y de lo que, en mala hora significó la pérdida de territorios, la viveza criolla de mandatarios y políticos, la injerencia actual de países extranjeros, el abuso de poder y otros tantos males por el que Bolivia está atravesando.
No debemos olvidar, Bolivia es Bolivia por voluntad de nuestros antepasados, por el trabajo de nuestros abuelos y padres, por el esfuerzo de nuestros mayores, una vez que las páginas gloriosas de nuestra historia, nos demuestran que Bolivia, desde la civilización aymara y quechua, el descubrimiento, la conquista y, el sometimiento brutal con la mita y las encomiendas, desde el martirologio de Atahuallpa y tras su derrota en Cajamarca, supo redimirse del yugo funesto que le impuso el español.