Goyeneche en Chuquisaca y el 25 de Mayo de 1809
Luis Antezana Ergueta
Después de sus expediciones a Italia, Egipto y Rusia, Napoleón retornó a Francia y a poco andar se propuso bloquear al comercio inglés, apoderándose de Portugal, por entonces aliado de Inglaterra. Para ello se propuso derribar a la monarquía portuguesa en alianza con la monarquía española, presidida por el pusilánime Carlos IV, le autorizó atravesar su territorio y, además, proporcionarle fuerzas para invadir Portugal. En efecto, las fuerzas aliadas invadieron Portugal y Napoleón pidió más fuerzas a Francia y éstas invadieron francamente España.
Ante la invasión francesa, Carlos IV huyó a Aranjuez y allí fue obligado a abdicar a favor de su hijo, Fernando VII, ídolo del pueblo, no por sus virtudes o inteligencia, que carecía. Fernando VII, con la esperanza de lograr el apoyo de Napoleón, se dirigió a Bayona y entonces supo que el emperador francés no quería saber nada de los borbones. Es más, Napoleón pidió la abdicación de Fernando VII a su favor, objetivo que logró a favor de su hermano, José Bonaparte.
José Bonaparte se propuso extender su dominio a América y entonces apareció en escena el arequipeño Manuel de Goyeneche, quien, por medio del general Murat, fue comisionado ante los pueblos y gobiernos de América del Sur, para conseguir su sometimiento a la nueva dinastía, otorgándole las credenciales respectivas. Goyeneche se dirigió entonces a Sevilla y se puso al servicio de Fernando VII, quien sería el nuevo monarca. Pero, enseguida, Goyeneche se entrevistó en Brasil con Carlota Joaquina, hermana de Fernando, que ambicionaba el trono, y también se puso a su servicio, ofreciéndole todo su apoyo para sus objetivos monárquicos. Enseguida, Goyeneche viajó a Buenos Aires con los tres planes, lo cual hizo que se le llamase “el tres caras”.
Al parecer, a Goyeneche no le fue ni bien ni mal en Buenos Aires y enseguida viajó al importante centro político de Charcas o Chuquisaca. Allí se reunió con las autoridades y las personalidades de la culta ciudad y cuando propuso la oferta de Carlota se encontró con una oposición tan enérgica que produjo una conmoción en la población chuquisaqueña, hasta entonces partidaria de Fernando VII. El debate dividió a los oidores y unos iban por Fernando, otros por Carlota y otros, inclusive, por Napoleón. No se planteó una posición de independencia; pero la propuesta de Goyeneche provocó una crisis política que fue la gota de agua que colmó el vaso. Entonces, el 25 de mayo, en medio de una situación revolucionaria, se produjo el levantamiento que posiblemente sin la previa presencia y propuesta de Goyeneche no se hubiese producido. Ese fue el antecedente político del “primer grito libertario de América” que se produjo al tenor de “Viva Fernando VII” y que se limitó (a diferencia de la insurrección paceña) a destruir la arquitectura de la jerarquía monárquica, sin diseñar los planos del nuevo edificio.
El 25 de Mayo de 1809 el gobernador instruyó el apresamiento de Jaime Zudáñez y el arresto de éste conmovió a la población y el pueblo sublevado se apoderó de la ciudad. Pero el suceso se extinguió “como la bala que cae a mitad de su trayectoria”. Para el día siguiente, nada había ocurrido. “La autoridad colonial -confirma Nacionalismo y Coloniaje- se rehizo en veinticuatro horas, sin resistencia ninguna de los rebeldes”. Por el contrario, “quedó el pueblo lleno de contento al haberse propagado la noticia de que el Tribunal de la Real Audiencia tomaba el mando” -como informa la misma Audiencia al Virrey. Todos los testimonios dicen lo mismo. El fiscal López Andreú subraya que la asonada se condujo “sin manchar su pureza con la más pequeña usurpación”. Sánchez de Velasco, hombre de la época, lo confirma con estas palabras: “Amaneció el 26 sin otra novedad... Circuláronse cartas a los Gobernadores de Potosí, Cochabamba y La Paz, encargando, el buen orden para el servicio público, pues no había otra alteración que el cambio de Jefe”. El cuadro se precisa mejor en esta breve frase de Miguel de los Santos Taborga: “La audiencia que había sido el apoyo de la Revolución vino a ser después su obstáculo”.
“Desbaratada fue, con todo, la fulminante victoria popular contra la dominación extranjera. El 25 de Mayo de 1809, el pueblo que fue capaz de capturar el poder por pocas horas, no consolidó su independencia porque no supo cómo hacerlo”, concluye “Nacionalismo y Coloniaje”, y no culminó como el episodio revolucionario del 16 de julio de 1809 que protagonizó el pueblo paceño al grito de “muera el rey”.
El autor es Miembro de número correspondiente de la Academia Boliviana de Historia Militar.