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Democracia, el reto de la política
Nicómedes Sejas T.
I.- Hoy, más que en otras coyunturas, la construcción de la democracia en Bolivia es el mayor reto del sistema político. El MAS y su ascenso al poder, innegablemente el mayor hito de la emergencia política de las mayorías y de la historia electoral en Bolivia, al atribuirse el mérito de tal logro a su propio protagonismo ignora las reformas del colonialismo interno y el verdadero sentido del cambio a lo largo de cinco décadas de lucha indígena y popular. Aquel olvido tiene su otra faceta, la de sus propósitos revolucionarios y de su estrategia de ruptura con el reciente pasado "neoliberal y proimperialista", cuyas consecuencias para el sistema político comienzan a cobrar una dimensión inesperada en la medida que los instrumentos democráticos en la toma de decisiones pretenden ser sustituidos por métodos autoritarios desde el Gobierno, sin considerar que los mismos revolucionarios, desde una posición crítica, se ven obligados a dilucidar la validez de sus estrategias de toma del poder así como sus elementos mesiánicos e idealistas, donde los objetivos son sólo quimeras en relación con las metas de verdaderos logros de justicia social.
Durante las primeras décadas del anterior siglo las bases científicas del marxismo no pudieron sobrevivir a los avances de las ciencias empíricas; no obstante, durante largo tiempo el socialismo fue el único discurso político de liberación de los "condenados de la tierra" (concepto de Fanon) contra el régimen colonial en Asia, África y América Latina. El replanteamiento de las tesis políticas revolucionarias se ha convertido en una tarea de extrema urgencia desde el momento en que el socialismo y sus intentos de construir una sociedad sin clases y sin desigualdades han demostrado su inviabilidad práctica, lo cual no ha inhibido las aspiraciones populares de cambio con crecimiento y equidad en sociedades como la nuestra, donde persisten resabios coloniales reflejados en una variada gama de desigualdades.
Si bien el actual Gobierno llegó al poder por medios democráticos, jurando respetar la normativa vigente, una vez en el poder, pretende ejercer el mandato popular declarándose revolucionario con fines no muy claros y una estrategia que afecta la base jurídica de nuestra estatalidad, estimula las movilizaciones sociales como mecanismo de legitimación de sus actos y aviva la confrontación racista, clasista y regionalista.
Desde luego que no es una cuestión accidental que el MAS haya llegado al poder por la vía electoral, es más bien la demostración de la inviabilidad de la estrategia revolucionaria de la toma del poder; de modo que la estrategia de ruptura que pretende reivindicar el MAS carece de sustentación. De hecho la emergencia de los movimientos populares, principales protagonistas de la reciente coyuntura política, tiene su mayor fuerza en los problemas de pobreza y exclusión no resueltos y no en el clásico supuesto práctico de una conciencia de clase revolucionaria.
Las organizaciones sociales movilizadas tienen una larga práctica de la que nace su convicción de que sus reivindicaciones deben ser arrancadas al poder por métodos violentos, sin que ello signifique precisamente la ruptura del sistema político como pretende el entorno de Evo Morales. La demostración de tal afirmación es precisamente la resolución de los conflictos de octubre del año 2003, en la que el movimiento popular triunfante acató el marco jurídico vigente de la sucesión presidencial, sin condenar a la hoguera a los políticos que terminaron tomando su lugar en el Congreso Nacional; pero también sin tolerar las viejas soluciones de la componenda, como la que quiso aprovechar Hormando Vaca Diez, para convertirse en Presidente de la República.
Hay que recordar que ningún partido en el pasado ha llegado al poder en Bolivia por métodos revolucionarios, con su oferta de instaurar el socialismo, incluyendo al MAS, y el más radical de los partidos revolucionarios, el POR, ha pasado a la historia como un núcleo de intelectuales incapaces de articularse al movimiento obrero boliviano.