La batalla de La Tablada
Floren Sanabria G.
En Tarija los valerosos “montoneros” tenían en jaque a los realistas a la cabeza del coronel Ramón Rojas, coronel Francisco Pérez de Uriondo y su hermano Manuel, José Manuel Avilés, Mateo Berdeja, Manuel Cainzo, José Antonio Ruiz, José Esteban Garay, Matías Guerrero, Pedro Antonio Flores, Manuel Rojas y el famoso José Eustaquio Méndez “Moto” y otros guerrilleros que marcaron un hito glorioso en la batalla de “La Tablada”, el 15 de abril de 1817, en tanto que José Vicente Camargo, con su centro de acción en Cinti, tenía marcada influencia en toda la zona, hostilizando y dando batalla, permanente, no sólo en parte de Chuquisaca, sino en Cotagaitia, donde los realistas tenían su cuartel general.
A comienzos de abril de este año, la montonera de bravos jinetes de Méndez advirtió los movimientos de una columna realista en las proximidades del río Guadalquivir, Méndez tomó las previsiones correspondientes y distribuyó a sus hombres en el Alto Carachimayo y en las serranías de Salinas.
En esas circunstancias arribó a la quebrada de Tolomosa el Cuarto Ejército Auxiliar Argentino al mando del coronel Gregorio Araoz de La Madrid y presentó batalla al ejército realista al mando de Andrés Santa Cruz que militaba en las filas del monarca español, quien es derrotado y apresado junto al coronel Mateo Ramírez, que era Gobernador de la provincia y todas las unidades de caballería e infantería.
Santa Cruz durante muchos años combatió contra los ejércitos patriotas en las batallas de Potosí, Sipesipe, Viloma y Cinti, alcanzando en 1816 el grado de Teniente Coronel. En la batalla de La Tablada fue hecho prisionero por los patriotas y posteriormente trasladado a Buenos Aires, de donde huyó a Lima para reincorporarse al ejército realista, siendo nuevamente hecho prisionero en la batalla de Cerro de Pasco, frente al ejército argentino. En prisión, Santa Cruz tuvo oportunidad de analizar y reflexionar sobre su incómoda situación, si peleaba contra su Patria. Lo que le llevó posteriormente a incorporarse a los ejércitos patriotas. Después sería presidente del Perú y Bolivia.
Luego que el Libertador Bolívar aceptó un reclamo argentino para anexarse la región tarijeña, en el gobierno del Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, Tarija se levanta nuevamente en armas, pero esta vez contra el gobierno de la Argentina, con el propósito de tomar parte de la nueva República Bolívar, y de manera definitiva se concretó el 26 de agosto de 1826. “El encargo del heroico pueblo tarijeño es que antes desaparecerá del mapa, que dejar de pertenecer a la nueva República por la que hemos luchado”. Fueron los valientes términos de los tarijeños a las pretensiones de la Argentina de anexar este territorio a ese país. Un grupo de patriotas suscribió el Manifiesto en el que los tarijeños rechazan su incorporación a las Provincias del Río de La Plata y afirman su fe y vocación bolivianas. Esta actitud noble, valiente y llena de patriotismo enorgullece a los próceres, héroes chapacos de 1817 que han preferido solemnemente la incorporación de Tarija -la muy leal y muy fiel- a Bolivia.
Es larga la lista de los firmantes del documento. Lo que queremos destacar aquí es que uno de los suscribientes, acaso de los más decididos, fue Eustaquio Méndez el “Moto”, el viejo guerrillero que cuando el sol empezó a alumbrar sobre los horizontes de la República, mostró por la Patria el mismo ardor y resolución que cuando comandó a su grupo de montoneros de la independencia.
Un capítulo aparte merece el conocido “Moto” (manco) Méndez, uno de los guerrilleros altoperuanos más famosos. Había nacido en Carachimayo, Cantón Canasmoro, en el lugar denominado “La Torre” San Lorenzo (Tarija) en 1784. Hasta hoy, con legítimo orgullo, el pueblo del “Moto” conserva la casa que perteneció a este decidido luchador por la causa de la Patria. Se dice que quedó manco de una mano en una caída del caballo, aunque también la leyenda cuenta que Méndez se cortó esa mano voluntariamente, porque con ella había maltratado a un ser querido a quien nunca debió haber tocado. Era El “Moto” un hombre valiente, corajudo, honesto, generoso y amante de la justicia. Por eso se hizo guerrillero y defendió la causa de la libertad.