Política exterior
Ante la demanda interpuesta por Perú ante la Corte Internacional de Justicia con sede en La Haya – Holanda, en contra de Chile, exigiendo 35.000 millas marítimas en lugar de las 30.000 que acepta el gobierno de Michelle Bachelet, Bolivia tiene que tener una posición coherente y realista, porque ese conflicto puede incidir en el tema de nuestra reivindicación marítima. La Cancillería, responsable de las relaciones y negocios internacionales, debe asumir una postura que sea fruto de un análisis serio, no de la improvisación y las precipitaciones a las que nos tiene acostumbrado el gobierno del Movimiento Al Socialismo que preside Evo Morales Aima, quien comete gruesos errores respecto a la política exterior del país. Sin antes meditar lanza ataques, sobre todo a sus homólogos de países amigos, descendiendo al insulto barato, como al referirse a la contextura física de un mandatario, recibiendo como respuesta calificativos de demagogo, ignorante porque no conoce el problema marítimo, resentido y odiador del Perú. Además se lo acusa de postergar el derecho irrenunciable de los bolivianos a recuperar territorios cautivos en posesión de Chile, desde el conflicto bélico de 1879. Sin embargo el Jefe de Estado está presto a la confrontación, sin justificativos valederos, lo que demuestra que la actual administración gubernamental no cuenta con políticas sólidas para enfrentar problemas y parecería que de esta forma trata de distraer la atención de la opinión pública, para que tome en cuenta la crisis por la que atraviesa el país.
Resulta difícil comprender la actitud del Primer Mandatario, que llega al colmo de humillar y desprestigiar a humildes trabajadores, lanzar denuestos contra personalidades nacionales y extranjeras, sobre todo contra los gobernantes que son contrarios a la ideología que profesa. En un caso el presidente brasileño Luiz Inacio Lula Da Silva se vio obligado a aconsejarle mayor respeto a sus semejantes y no pelear con los que no comparten su forma de pensar, entre ellos los periodistas y medios de comunicación. Esa reflexión la hizo en una reunión pública y en territorio boliviano, por ser intolerables los ataques del presidente Morales.
A propósito, el presidente Alan García del Perú dijo que le parecía que hace rato que Bolivia renuncia a la salida al mar, que tiene esa impresión porque no se volvió a tratar el tema con firmeza y claramente con Chile. Además manifestó que oportunamente su país informó al gobierno del MAS sobre la demanda que presentó en la Corte de La Haya. Ese comentario sacó de sus casillas a Morales Aima, quien aseguró que Bolivia no renunciará a su retorno al Océano Pacífico. “Tal vez la gordura le está afectando y no está bien informado que Bolivia nunca, jamás va a renunciar el retorno soberano al mar”, expresó. Pero tal reacción no se justifica y lo peor es que es la segunda vez que se refiere en esos términos al Jefe de Estado peruano. Lo paradójico es que en las cumbres presidenciales a las que asisten ambos, el boliviano se presenta como si nada hubiese pasado, aunque sabe que el resto de sus colegas presidentes conocen los excesos que él comete, pero aun así aparenta estar interesado en la integración y fortalecimiento de la Comunidad Andina de Naciones a la que pertenecen Perú y Bolivia, además de Colombia, cuyo Jefe de Estado es también objeto de los insultos y ataques del boliviano.
El tema marítimo después de mucho tiempo, sobre todo en la actual administración gubernamental, ha empezado a ser motivo de agenda, el problema es que ahora muchos opinan creyendo tener los conocimientos y la capacidad para hacer propuestas válidas. No obstante, algunos sólo reiteran formulas planteadas en el pasado sin haber logrado resultados positivos, mientras que ex cancilleres, sobre todo los que son diplomáticos de carrera, que sí conocen el tema, observan los errores que comete el Ejecutivo y aconsejan los pasos que debiera dar, lo que tiene que ser tomado en cuenta por las autoridades, sobre todo de la Cancillería.
Resulta de pésimo gusto que el Canciller recurra a calificativos cuando tiene que responder a los criterios que surgen sobre el tema marítimo, así como de otros asuntos de Estado, para luego cambiar de postura y mostrar arrepentimiento y deseos de recomponer las cosas, por ejemplo recomendando a los embajadores bolivianos interponer sus acciones para mejorar las relaciones con Estados Unidos, o intentar minimizar los excesos del Jefe de Estado. Esto nada bueno dice del Gobierno, que demuestra que no tiene prestancia ni línea definida sobre lo que hace.
En un acto de desesperación el Gobierno convocó a una conferencia de prensa para conocer la posición del Primer Mandatario sobre las negociaciones que lleva adelante con Chile sobre el problema marítimo. Primero, resulta paradójico que se convoque a los periodistas nacionales cuando están vetados de participar en las ruedas de prensa que dispone para la prensa extranjera; segundo, que haga conocer que se baraja dos fórmulas de solución: el “enclave” o el “corredor”. Antes de emitir ese tipo de información el Jefe de Estado debería conformar una Comisión especial, integrada por profesionales que conocen el tema, los que deberían elaborar la política marítima que requiere Bolivia, para no continuar con un ciclo vicioso que sólo sirve para desorientar a la población.