El nuevo hombre boliviano
Severo Cruz Seláez
Indudablemente son grandes los problemas del país, para solucionarlos requerimos también de hombres grandes, desprendidos, honestos y austeros. Pero si los problemas son grandes y los hombres pequeños, cicateros y corruptos, acabaremos en la ruina total, que significará la debacle del Estado boliviano. No estamos lejos de que el destino adverso se apodere de Bolivia.
En consonancia con los tiempos que se imponen, urge la formación del nuevo hombre boliviano, en la búsqueda de nuevos horizontes de cara al Siglo XXI, pues debemos unir todas nuestras energías con ese propósito. Asumamos esta actitud al margen de las consideraciones ideológicas, porque en primer lugar está la vida de la nación y luego de la niñez y juventud con dignidad.
“La educación da tolerancia a los gobernantes y disciplina a los gobernados”, anotó el Mariscal Santa Cruz y Calahumana.
El hombre es un ser perfectible y nunca acaba de acumular conocimiento. He aquí un ejemplo: Catón el Antiguo, según cuenta Plutarco, empezó a aprender griego a los 80 años de edad.
El nuevo hombre boliviano está conminado a prepararse mejor para hacer frente a los retos de la vida, para mejorar, particularmente, las condiciones de vida de miles de compatriotas. Con recursos que ofrece el conocimiento, la ciencia, la tecnología y la actividad industrial, logrará el despegue del desarrollo nacional.
La lucha para reducir desempleo, exclusión y pobreza, estriba en la multiplicación de escuelas en los rincones más alejados del país, con recursos que generan las exportaciones nacionales. Recursos que deben ser empleados en beneficio de todos los bolivianos sin distinciones. Sin dividir a la ciudadanía entre urbanos y campesinos, entre cambas y collas. Sólo la educación hará del nuevo hombre boliviano un instrumento de paz al servicio de su pueblo y de los altos intereses de la Patria. Alentará la creación de nuevas fuentes de empleo y el bienestar social.
Poblar de escuelas el país y mejorar sustancialmente las condiciones salariales del docente servirá para formar al nuevo hombre boliviano, con mentalidad de empuje, de superación y solidaridad, con espíritu contestatario a todo signo conculcador de la libertad.
Este no surgirá del bono escolar “Juancito Pinto”, menos de la Renta Dignidad ni de la nueva Constitución Política de Estado, sino de las políticas de largo alcance, con un alto contenido social, que deben asumir los gobiernos de turno. Jamás surgirá del momento electoral ni del afán de perpetuarse en el Poder.
El nuevo hombre boliviano debe adquirir la capacidad intelectual para pensar, debatir y no para obedecer ciegamente consignas políticas. Para proyectarse como la alternativa de un futuro más llevadero en democracia, con espíritu de pacificación, reconciliación y solidaridad, por el bien común.
Los establecimientos educativos de nivel básico, intermedio, medio y las Casas Superiores de Estudio estatales, incluidas las privadas, deben abrir sus puertas a la población estudiantil, sin discriminación, en la histórica perspectiva de formar al nuevo hombre boliviano. Para tal efecto se debe ampliar inclusive los convenios con el sector privado.
Es muy importante la participación de los docentes en este proyecto de interés nacional. Ellos tendrán que volcar sus conocimientos y experiencia adquirida en años de estudio, en la difícil tarea que representa la formación del nuevo hombre boliviano. Sin los maestros no será fácil culminar con este ambicioso plan. Pero a cambio tendrán que recibir un trato salarial que compense el sacrificio respectivo.
Concedamos becas universitarias al exterior en procura de lograr profesionales competentes en áreas específicas. La condición es que los favorecidos retornen, una vez concluidos sus estudios, al seno de la Patria a prestar sus servicios profesionales.
Hay que romper con todo prejuicio de “encuevamiento” que nos atribuyen algunos países vecinos. El esfuerzo del conjunto nacional debe sustentar este proyecto que redundará por un mañana mejor, por la Nueva Bolivia que tanto anhelamos.
Con el nuevo hombre boliviano debemos buscar un desarrollo integral, con beneficios para todos los bolivianos, sin distinción alguna, en el marco de las posibilidades económicas del país. Que nadie se sienta privilegiado ni disminuido.