In Memoriam
Perdimos a un gran periodista: Samuel Mendoza
Luis Ramiro Beltrán Salmón
Bolivia acaba de perder a uno de sus más antiguos y eminentes periodistas, Samuel Mendoza, vencido por una larga enfermedad que devino en una súbita crisis fatal.
Lo conocí muy bien porque compartíamos cuna, colegio y capilla. Nacimos en Oruro, estudiamos allá en la misma época en el Colegio Alemán y tuvimos en la adolescencia nuestro bautismo de prensa en la capilla de La Patria, el vicedecano de la prensa nacional fundado en 1919 por Demetrio Canelas.
Puesto que no había entonces en Bolivia dónde estudiar periodismo, a mediados de 1948 Samuel se fue a Cochabamba con la intención de hacer estudios de agronomía y, para sustentarlos, consiguió trabajo como corrector de pruebas en el diario Los Tiempos, que fundara y dirigiera también Demetrio Canelas, quien iría a ser su maestro. En efecto, lo incorporó a la Redacción como reportero a principios de enero de 1949 y, surgida en aquel año una guerra civil, lo envió a informar sobre ella como corresponsal adscrito al Ejército Nacional que iría a conjurar en esa sangrienta contienda una insurrección del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR). También era entonces corresponsal del diario orureño Noticias.
Poco tiempo después, en 1950, Mendoza había acumulado ya una amplia y diversa experiencia en el ejercicio periodístico en aquel diario en calidad de redactor.
En 1951 el MNR ganó por claro margen las elecciones generales a las que había convocado el gobierno del presidente Mamerto Urriolagoitia. Desconociendo ese triunfo, él instauró una Junta Militar de Gobierno presidida por el General Hugo Ballivián. En abril de 1952 el MNR derrocó a ese régimen ilegal mediante una insurrección armada encabezada por Hernán Siles Zuazo que puso a su jefe, Víctor Paz Estenssoro, en el sillón presidencial. Así comenzó el largo período de hegemónica transformación política que se conocería como el de la “Revolución Nacional”. Mendoza fue entonces uno de los principales redactores de Los Tiempos a cargo de la cobertura noticiosa del funcionamiento del nuevo régimen, especialmente en cuanto a los procesos de la nacionalización de las minas y de la reforma agraria. Él recordaría así la conducta del mismo respecto de la prensa: “No es posible pasar por alto el hecho de que la prensa y los periodistas libres fuimos blancos de incontables abusos. Se clausuró La Razón (de ese entonces) con el pretexto de que, siendo de propiedad de uno de los llamados ‘barones del estaño’ (Aramayo) podría ser blanco de la furia del pueblo, y así se ha mantenido hasta el día de hoy. EL DIARIO, Ultima Hora, La Patria y otros diarios, así como radioemisoras, fueron víctimas de la furia movimientista. Más de 100 periodistas fueron perseguidos, apresados, desterrados …” (1).
Entre ellos estuvo el propio Mendoza en noviembre de 1953 cuando Los Tiempos, del que era entonces Jefe de Redacción, fue tomado por asalto por partidarios del Gobierno. En su memoria eso ocurrió así: “Los Tiempos fue inícuamente destruido por hordas de milicianos azuzadas por el entonces director de Informaciones, José Fellman Velarde. El Dr. Canelas, su secretaria Ruth Fernández y yo salvamos milagrosamente la vida cuando abandonábamos el edificio. El periódico desmantelado, la maquinaria inutilizada, los muebles saqueados, la biblioteca del Director, una de las más grandes bibliotecas particulares del país, saqueada y libros y documentos quemados en la calle. Fue ciertamente el día más trágico para la prensa en la historia de Bolivia y de América”. (2). Luego de ser detenidos y torturados, Canelas y Mendoza fueron exiliados a principios de 1954 a Chile, donde tendrían que permanecer algo más de diez años imposibilitados de regresar a Bolivia.
El primer trabajo que Mendoza consiguió para subsistir en Santiago fue el de traductor para El Mercurio. Reconocida pronto su competencia y su laboriosidad, no demoró en llegar a ser comentarista de asuntos internacionales. Por otra parte, al paso de los años, fue encargado de prensa de dos agrupaciones internacionales promotoras de la democratización, corresponsal de una agencia noticiosa estadounidense y colaborador de publicaciones locales y extranjeras, incluyendo The Economist de Londres. Y entre 1958 y 1959, beneficiado por una beca, hizo estudios de posgrado en la Universidad de Puerto Rico y tuvo su primera visita a Estados Unidos de América como integrante de un selecto grupo de periodistas latinoamericanos. Volvió luego a Chile.
En 1964 el presidente Paz Estenssoro declaró una amnistía que al fin permitiría a los exiliados retornar al país. Antes de hacerlo, Samuel Mendoza pronunció en Santiago una conferencia titulada “El Aislamiento de Bolivia” (3) en la que hizo una bien documentada y mesurada exposición sobre el derecho de Bolivia a recuperar su acceso al mar. Lejos de ser mal recibida, esa presentación le valió comentarios de prensa favorables y congratulaciones inclusive del presidente Alessandri y de su sucesor Eduardo Frei Montalva.
Mendoza volvió a la patria en enero de 1965, radicando ya en La Paz. Fue nombrado subdirector del diario El Sol, que fue publicado unos cuantos meses. Samuel se hizo entonces comentarista de Presencia, pero luego asumió esa misma responsabilidad en forma exclusiva en EL DIARIO, así como corresponsalías para La Patria, de Oruro y Prensa Libre, de Cochabamba. Carlos Canelas, hermano menor de don Demetrio, logró reanudar la publicación de Los Tiempos en julio de 1967 y Mendoza volvió a colaborar con su añorado diario como columnista. En los años del 80 escribió para el diario paceño Hoy, y participó del establecimiento de los diarios Meridiano y Correo. También fue después redactor de Ultima Hora, sin perjuicio de servir a agencias noticiosas internacionales y de escribir ocasionalmente para otros diarios del interior de la república. Más aún, hizo también periodismo dirigiendo Radio Progreso y haciendo comentarios por la Radio Nueva América de Raúl Salmón, así como por el Canal 21 de televisión junto con otro extraordinario periodista: Armando Mariaca. En suma, Samuel Mendoza era, pues, un periodista de cepa, un hombre nacido para la prensa, el gran amor de su vida. Casado en 1971 con Mireya Carmona, tuvieron una hija, Marcela, y un hijo, Rodrigo.
Viajó él por muchas partes del mundo no sólo para participar de encuentros profesionales y completar en aula su incansable aprendizaje sino también para dar cuenta al público de reuniones internacionales del más alto nivel en materia política, económica y técnica. Conoció así algo más de treinta países de América, Europa y Asia.
A lo largo de su ejemplar trayectoria profesional de muchos años, Samuel publicó algunos libros y millares de artículos de prensa. Y la muerte lo sorprendió cuando trataba de aprontarse a publicar una obra con sus memorias y una selección de sus escritos.
A su talento y laboriosidad unía las virtudes excepcionales de una gran integridad y de mucho valor para decir la verdad. Y queda, por tanto, inscrito para siempre en la historia del periodismo boliviano como alto y refulgente paradigma de lo que debe ser el periodista.
En junio del 2008, a sus 80 años de límpida y fructífera existencia, ya afectado por cruel dolencia, Samuel Mendoza nos dijo en su columna de EL DIARIO estas palabras que vienen a ser su despedida: “Al cumplir 80 años de vida, y pronto a cumplir 60 años de periodismo, repito un pensamiento que he citado en varias ocasiones: ‘Para mí, escribir es vivir. Si llegara el día en que dejase de escribir, será porque habré dejado de existir’. A lo largo de mi carrera creo no haber ofendido a nadie, pero quiero asegurar que jamás me aparté de la trinchera de lucha por la libertad, la justicia, los derechos humanos y la democracia en Bolivia y en el mundo, sin otra arma que mi pluma y la verdad. Y así será hasta cuando Dios disponga”.
Mendoza, Samuel. Reminiscencias de 50 años de periodismo. En: Magazine de EL DIARIO, La Paz, Bolivia, 2 de mayo de 1999. pp. 5ta. 3.
Ibidem.
La publicaría tiempo después en forma de libro en Cochabamba.