Derecho y deber de votar
Armando Mariaca V.
Vivir en Democracia permanente desde el 10 de octubre de 1982 es uno de los mayores logros institucionales no obstante los problemas y las inclemencias creadas por políticos y organizaciones de toda laya; de una u otra manera, muchos no quieren entender lo que significa la Democracia ejercida en libertad, equidad, igualdad, justicia y solidaridad. En veintiséis años y tres meses de vida democrática, ésta se la ha confundido con anarquía y, su mayor condición, la libertad, fue ejercida con libertinaje. Así, la Democracia mal practicada resulta contraproducente o, peor, se hace camino seguro a la dictadura, al totalitarismo y, lo más grave, a la tiranía y al despotismo, que es el peor mal político que le puede ocurrir a un pueblo.
Gobernar en Democracia bien entendida, honesta y responsablemente practicada, sentida y dirigida como instrumento de servicio al bien común y administrada con sujeción a la Constitución y las leyes es transparencia y gobernabilidad que, luego o inmediatamente de su pleno ejercicio, sirve para que el pueblo viva en Democracia; es decir, actúe, sienta, piense, trabaje y obre sujeto a los valores que implica el sistema. Efectivamente, muchos tipos de democracia se han ejercitado en el mundo y, como se trata de un término que satisface a todos, hasta los regímenes comunistas, ultranacionalistas, dictatoriales, tiránicos de la historia han denominado democrático a su sistema de gobierno.
Cuando hablamos de Democracia, implícitamente está inmersa la libertad con sus multiples valores: los derechos civiles, políticos, sociales, de igualdad y justicia. La libertad es el mayor bien que posee el hombre puesto que es el derecho o la facultad innata que tiene para obrar mal o bien, tomar un camino u otro (especialmente en cuanto se refiere a su derecho de votar por la opción que crea) o negarse a ello. Esta libertad implica, lógicamente, total ausencia de coerción, es el derecho a la propia autonomía o la libertad de autodeterminación; en política, se puede hablar de dos libertades: la que implica independencia de la interferencia, intromisión, sugestión o influencia de los demás. Por otra parte, estaría la libertad expresada en la participación, accionar o desempeño en política y, mucho más, en acciones de Gobierno, donde esa libertad debe ser ejercida con responsabilidad y honestidad. Sólo así se puede decir que se obra en Democracia y se es consecuente con la fuerza del Derecho representada por la Constitución y las leyes; contrariamente, sería un accionar con el derecho de la fuerza o sea vulnerando la Carta Magna, dando vigencia al totalitarismo, dictadura, tiranía y otras conductas negativas.
El ejercicio pleno de una Democracia radica en la libertad, en el derecho y el deber de votar en un proceso eleccionario donde puede optarse por tal o cual autoridad o por cualquier sistema dirigido al bienestar de una República, de un Estado, de una Nación o de un país. Ese ejercicio de votar, forzosamente, debe tener un fin común a todos: fortalecer al pueblo y al Gobierno o, más genéricamente, a quienes gobiernen o aspiren a gobernar. Así, pueblo y Gobierno se complementan porque consiguen medios para una gobernabilidad que permita que los éxitos de una administración gubernamental sean los del pueblo y ambos (el pueblo mediante sus representantes) consigan mejores condiciones y niveles de vida, desarrollo y progreso del país, armonía, respeto y entendimiento entre todos; convergencias o acuerdos que contribuyan al bien común y no sean causa de división, discordias y hasta enfrentamientos que, con seguridad, lo único que alcanzarán será destruir el sentido de lo que es Democracia y darían lugar a la prostitución de las libertades.
El Referéndum del 25 de enero es un llamado a todos los ciudadanos para cumplir un deber y ejercer un derecho: votar por la opción que libremente se escoja, sin coerción ni presión alguna, tan sólo obedeciendo a la propia conciencia. Creer que “no votar” implica no ser partícipe de las consecuencias de lo que se elija, es creer en una aberración porque el que no vota, indirectamente con su indiferencia o nomeimportismo, contribuye a que gane la fórmula contraria a lo que el indiferente o ausente creía no corresponder al país. No votar es trasladar la propia responsabilidad a los demás, es mostrar carencia de sentimientos con los intereses de la propia familia, del entorno general y, sobre todo, de los grandes intereses nacionales.
El 25 de enero es un llamado al deber para decidir lo que se crea más conveniente o, en su caso, a desestimarlo por considerarlo inadecuado. Muchas veces, se cree falsamente que la ciudadanía que vota es la representación del sentir de toda la población y no es así porque las estadísticas, bien manejadas y debidamente interpretadas, muestran realidades que no siempre coinciden con los datos o elementos de juicio publicitados por los medios de comunicación. Así, por ejemplo, el actual Padrón Electoral – vigente en el Referéndum del 25 de enero – totaliza 3.891.397 ciudadanos hábiles para votar; esta cantidad – conforme a las proyecciones del INE para el año 2009 de 10.200.000 habitantes – es exactamente sólo el 38,15% del total de la población (que incluye a niños y jóvenes menores de 18 años, ancianos, enfermos y personas indiferentes que no desean votar o no pueden votar sea por su edad, por razones políticas, por indiferencia, por decepción, por desconocimiento de los valores que tiene el voto o por cualesquiera otras razones). Anteriores procesos de referendos o electorales muestran porcentajes que no corresponden a la realidad, especialmente cuando, en política partidista, se sostiene: “somos resultado de lo que la mayoría de los bolivianos siente y decide”, la verdad es que se puede ser mayoría o minoría en relación con el Padrón Electoral y no a la población del país.
Votar en conciencia, saber por qué y cómo se vota, para qué y con qué perspectivas, es responsabilidad de cada ciudadano y es, además, un deber que, en todo caso, debería ser ineludible si realmente tenemos conciencia de país y queremos alcanzar un mejor sitial para Bolivia, mediante el ejercicio democrático que es el voto.