Bolivia, 24 de diciembre de 2008
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La salud del Presidente

En las últimas semanas se conoció una serie de comentarios sobre la salud del Presidente de la República. En principio se pensó que eran rumores infundados, pero a medida que pasa el tiempo se hicieron más intensos. Algunos decían que el Jefe de Estado estaba muy preocupado por la crisis que afecta al país, otros expresaban que él está molesto y estresado por la actitud de algunos medios y trabajadores de la comunicación, y no faltó quien dijo que tenía un malestar que lo viene arrastrando desde hace tiempo. Lo cierto es que vemos a un Evo Morales Aima preocupado, precipitado y dispuesto a la confrontación, muy diferente a aquél que ganara las elecciones generales de 2004 y que asumió el Mando de la Nación eufórico, con el rostro siempre sonriendo, derramando lágrimas cuando se le impuso la banda presidencial.

Incluso durante su gira por el viejo continente, como Presidente electo de Bolivia, era una persona dicharachera, bromista y atenta al tratamiento que le brindaban los Presidentes de los países que visitó, oportunidad en la que se le ofrecía la mayor cooperación posible para que pueda cumplir con las metas de su plan de Gobierno. Se trataba de un político abierto a escuchar a la gente no sólo de su entorno político – palaciego, sino al ciudadano común que se le acercaba. Qué diferencia al actual, quien se muestra autoritario, triunfalista, que siempre está a la defensiva y buscando imponer su criterio, llamando la atención a sus colaboradores y dirigentes de su partido, llegando al colmo de afectar a gente que nada tiene que ver con los problemas que le afectan.

Según sus allegados, al Primer Mandatario la preocupación le esta afectando, ya que con su hermano no tiene buenas relaciones y cuando viajó a Chile, su hijo que lo acompañaba tuvo un desvanecimiento, lo que movilizó a galenos de ese país para atenderlo. Tambien afirman que los viajes que realiza afectan su salud, por los cambios de presión que experimenta, no solamente cuando sale al exterior sino en el territorio nacional. Además recibe poca colaboración para solucionar problemas como el descenso de los precios de minerales que se explota en el país, las protestas sociales sobre todo de gente afín al Gobierno, el desabastecimiento de hidrocarburos, el mal estado de las carreteras, la corrupción de gente del oficialismo, el contrabando que no puede ser frenado en Pando, el crecimiento de la pobreza, la falta de fuentes de trabajo, la demora de los cambios que quiere introducir el MAS, etc. Son factores que preocupan y deterioran la salud del Jefe de Estado.

Que el Presidente tiene algún mal es innegable. El propio vocero gubernamental en el pasado octubre anunció que el Jefe de Estado tenía una dolencia y por tanto era necesario que se le someta a una intervención quirúrgica, la que debía realizarse a los pocos días del anuncio y en un país amigo. Ha pasado el tiempo, curiosamente ya no se comenta esa situación y, por el contrario, existe reserva sobre lo que realmente aqueja al Primer Mandatario, a quien únicamente se lo ve en actos oficiales que prepara el Ejecutivo y concentraciones en algunas poblaciones. También es notoria su ausencia en algunos actos donde compromete su presencia, pero luego desiste de participar, aunque algunos representantes del oficialismo dicen que soporta fuertes dolores de cabeza y que se encuentra muy cansado, pero se resiste a ser sometido a una intervención quirúrgica, por la responsabilidad que tiene como Jefe de Estado.

Un analista económico y político, además de editor de una carta informativa, percibió algo que seguramente no fue tomado en cuenta por muchos bolivianos, que el Presidente dejó de jugar al fútbol, deporte que lo apasiona, desde hace unos cuatro meses. Antes de esa suspensión era muy corriente anoticiarse de que el Primer Mandatario junto a sus más estrechos colaboradores, incluso con la participación de ex futbolistas profesionales, jugaba balompié en los lugares que visitaba.

Sin embargo si el Presidente de la República tiene algún malesta, debe solucionarlo dentro del Ejecutivo y que no sea motivo de murmuraciones que salen de la Casa de Gobierno. Nadie puede negar que a Morales Aima se lo ve disminuido anímica y físicamente, preocupado y violento. Un matutino cruceño percibió que el Jefe de Estado ha dejado de sonreír en las manifestaciones sociales que se realizan en Bolivia, pero no así en aquellas efectuadas en el exterior, donde se lo ve sonriente y muy animado.

 



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