El Silala es de Bolivia, no de Chile
Floren Sanabria G.
En mayo de 1996 EL DIARIO denunció que Chile utilizaba las aguas del manantial Silala sin pedir permiso a Bolivia, ni pagar por su uso. Alertó sobre el desvío ilegal de las aguas por poblaciones chilenas, las que construyeron canales y almacenamientos de esa vertiente en el territorio boliviano, con el propósito de utilizar, comercializar y vender ese recurso hídrico a la zona norte de ese vecino país.
Ahora que se quiere tratar el tema, habrá que refrescar la memoria de algunos “entendidos” chilenos y bolivianos que están en reuniones del Grupo de Trabajo dentro del Programa de Estudios Técnicos en el Silala de acuerdo con la agenda de entendimiento “mutuo” de los 13 puntos suscritos entre los presidentes Michelle Bachelet y Evo Morales. Pero alguna prensa en Santiago de Chile con tozudez expresa: “La Paz pretende licitar las aguas del río Silala, lo que despierta aprensiones en nuestro país por los derechos chilenos en ese río internacional”.
En el norte de Chile hablar de agua es hablar de oro. En este caso, el preciado recurso fue entregado en concesión sobre la base de la Ley de Aguas de 1906 a la compañía inglesa The Antofagasta Bolivian Railway que efectuó la canalización y el entubado de estas aguas destinadas a las plantas de elaboración del salitre.
Las aguas del Silala fluyen de 80 vertientes, son manantiales cristalinos que afloran de la corteza terrestre, son potables y aptas para el consumo humano. Se encuentran en una quebrada ubicada en el cantón Quetena de la provincia Sur Lípez del departamento de Potosí. No se trata de aguas de curso sucesivo como dice Chile que realizó trabajos de canalización para llevar este rico elemento a su territorio, por lo que actualmente las poblaciones de Antofagasta, Cerro Gordo y otras desérticas regiones utilizan las aguas potosinas.
El vecino país de forma pacífica invadió territorio boliviano, no conforme con este atropello inaudito de “usurpación” ha desviado el río Lauca años atrás como parte de un proceso irregular y en el lado boliviano construyó diques, canales y dragado de las aguas con la finalidad de beneficiarse de este líquido elemento para el riego de su territorio.
Debido a la alta pendiente de la cordillera es imposible desviar el curso de las aguas del Silala. La naturaleza es muy fuerte y eso hace descender las aguas hacia tierras chilenas por la fuerza de gravedad. El Silala o Siloli tiene un caudal es de 200 litros por segundo, lo que al año significa 6 millones 220 mil metros cúbicos de agua, es un manantial, cuyo uso fue concedido por un empleado subalterno del Prefecto de Potosí a la empresa del ferrocarril para enfriar sus calderos.
Por Decreto Supremo del ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, en junio de 1997 Bolivia puso fin a la concesión a The Bolivian Railway, se revocó y anuló la concesión por considerar que ya no usaba el agua para el ferrocarril a vapor de la compañía, como había sido acordado, sino para comercializar el líquido en Chile.
Como se sabe, Potosí ha planteado varias veces la necesidad de que la empresa pague de alguna forma una indemnización por el uso del agua y que establezca un modo operativo para que dicho recurso natural, que tiene un valor económico, reporte algo a uno de los pueblos con mayor carencia en Bolivia. Esa zona ha quedado con la crisis minera en una difícil situación económica.
El risueño canciller boliviano debe saber que la cancillería chilena sigue sosteniendo que se trata de un “río internacional”, por lo cual habría derechos compartidos sobre los manantiales, pero para Bolivia el tema es que no es de curso de agua corriente. El agua no está en superficie, sino que va a través de acueductos, de obras de ingeniería que ha hecho la empresa para captar el agua. Ello implica una diferencia abismal importante de criterios. Sin embargo, hay que buscar una exigencia que satisfaga los intereses de Potosí, como el pago de una indemnización y el establecimiento de un mecanismo por el cual esas aguas dejen de ser gratuitas, porque ningún pueblo se resigna a ceder un bien que vale mucho dinero a cambio de nada. Esa debió ser la postura del Gobierno boliviano, antes que hacer estudios técnicos hidrometeorológicos, caudales, precipitaciones, temperatura del aire, velocidad del viento, radiación solar, humedad y otros, que son sabidos pretextos distraccionistas que siempre utiliza y utilizó Chile para “marear la perdiz”, como el mar arrebatado en una guerra injusta de rapiña.
Empero las aguas del Silala continuarán siendo crucial en la relación chileno-boliviana, así exista superficial y engañoso entendimiento entre los mandatarios de Bolivia y Chile, ya que no debemos perder de vista que en abril de 1962 las relaciones diplomáticas entre ambos países fueron suspendidas por Bolivia, al reclamar por la explotación de otro curso de agua fronterizo, el río Lauca, sobre cuya usurpación la cancillería boliviana guarda un silencio cómplice, cuando debió tratarse en la actualidad no sólo el caso del Silala, sino también el del Lauca.