Ley a favor de los diabéticos
Por la falta de políticas en materia de salud en Bolivia la tasa de mortalidad es alta. No existe asistencia médica dirigida a las familias de menores ingresos económicos, cuyos miembros no cuentan con dinero suficiente para una consulta profesional, menos para adquirir los medicamentos que requieren. Muchos bolivianos se ven impedidos de conocer los males que los aquejan y las curaciones recomendables, por lo que recurren a yerbas, plantas e incluso animales para sanar sus dolencias. Esto, por el contrario, puede agravar las enfermedades, sobre todo en las zonas marginales de las ciudades y en las comunidades campesinas, donde no hay postas sanitarias y los hospitales públicos están a decenas de kilómetros, a los que generalmente no pueden asistir por falta de recursos económicos.
Si bien existe el sistema de seguro social, conocido como Caja Nacional de Salud, su infraestructura no es suficiente para atender toda la demanda, porque los ingresos que tiene ese servicio nunca fueron bien administrados.
En los últimos días la sociedad tomó conocimiento de la incidencia de la diabetes en la población boliviana. En La Paz y El Alto existe un 7 y 10 por ciento, respectivamente, de la población afectada por este mal. Son algunas de sus causas la deficiente alimentación, la obesidad y el sedentarismo, por lo que la mayoría de los diabéticos pertenece a las clases sociales bajas y media, sin tomar en cuenta a los que por falta de recursos económicos, por falta de costumbre o por temor no asisten a consultas médicas y prefieren esperar la muerte. En varios casos los cadáveres son enterrados en cementerios clandestinos que existen en los extramuros de la ciudad y en las comunidades, donde no existe el certificado de defunción para identificar el mal que los afectó. Lo peor es que no existe autoridad que ponga freno a esas irregularidades.
Hace poco, médicos y laboratoristas especializados en diabetes, en una feria dominical realizada en el paseo de El Prado de nuestra ciudad, hicieron pruebas rápidas a la gente que quería saber si tenía diabetes, a través de la medición del azúcar en la sangre. Muchos se sorprendieron al saber que estaban afectados por la diabetes, los que recibieron una explicación rápida para por lo menos conocer cómo se puede enfrentar ese mal. Pero el tratamiento de la diabetes resulta oneroso para la mayoría de los enfermos, motivo por el que se agruparon en una Federación, entidad que está demandando tanto al Legislativo como al Ejecutivo la sanción y promulgación de una Ley de la República, por la cual se libere el costo de los medicamentos como la insulina, los lucómetros y otros insumos. Mucha gente afectada por esa enfermedad no cuenta con 150 bolivianos para adquirir los medicamentos para un tratamiento de 15 días. Por ello la norma requerida puede mitigar las necesidades de tales enfermos.
Existiendo un proyecto de ley para aminorar los costos de la insulina, los lucómetros y los insumos para enfrentar dicho mal, todo parece indicar que falta sensibilidad y solidaridad con los diábeticos. Esperamos que los legisladores aprueben esa ley sin presiones, conscientes de que así están sirviendo a mucha gente, sobre todo de magros ingresos económicos, entre ellos albañiles y estibadores que consumen generalmente gaseosas, pan casero y plátano.
Los legisladores y el Ejecutivo deben sensibilizarse no sólo con quienes sufren por la diabetes, sino con todos los enfermos, con los afectados por males renales que requieren diálisis, pero no acceden a ese tratamiento porque no cuentan con un seguro médico, ni tienen suficiente dinero para asistir a las clínicas particulares. Es hora de la solidaridad para con todos los que padecen enfermedades y no cuentan con los medios para aliviarse. Es importante socializar la medicina, que no sea un privilegio para los que cuentan con un seguro social o tienen recursos económicos. Todos los bolivianos tienen derecho a ser asistidos por el Estado para lograr su bienestar social.