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¡Otra vez Chile! ¿Cuándo no?
Roberto L. Freire
En primera plana de EL DIARIO de fecha 7 de noviembre último se dio a conocer que por un paro de los estibadores chilenos ha sido bloqueada una importante carga de mercadería boliviana, lo cual representa un grave perjuicio para muchos comerciantes connacionales, en un número similar al de camiones. Esto, como es lógico, ha ocasionado un grave perjuicio económico para nuestros mencionados compatriotas. El hecho se produjo en Arica, puerto relativamente próximo a Antofagasta que, en 1789 -muchos años atrás- era territorio boliviano. Eduardo Avaroa fue asesinado con crueldad en el Puente del Topáter y no lo olvidamos desde entonces, pese a los halagos de la actual mandataria Michelle Bachelet al presidente boliviano Evo Morales, quien aparentemente ha intentado dejar en el olvido los graves problemas fronterizos de la fecha ya señalada. Como es lógico, muchos de los bolivianos, no obstante los halagos de los últimos tiempos del país vecino, nunca hemos olvidado el pasado y, por el contrario, rememoramos hoy los crímenes y robos territoriales de años atrás.
Es una lastima que, inclusive, autoridades de hoy pasen por alto el pasado, sobre todo cuando el despojo de territorio al que nos referimos, dejó una cantidad muy grande de víctimas y, además de ello, nos arrebataron la parte del Océano Pacífico con que nacimos a la vida independiente. Sobre el particular, admitimos la amistad entre dos personas que no ejercen autoridad en los actuales momentos y, por eso, lamentamos que el actual presidente Evo Morales haya intercambiado frases amistosas, las que, sin embargo, no nos deben hacer olvidar los sucesos y crímenes del pasado. Eduardo Avaroa sigue siendo el emblema que, habiendo incursionado en la Historia, nos obliga a la recuperación de todo lo que nos arrebataron o, cuando menos, al rencor que desde entonces tenemos y debemos tener mientras vivamos.
Pero eso no es todo, los bolivianos y especialmente quienes nos gobiernan, no deben abandonar el propósito de recuperar todo aquello que Chile, además de otros países, nos arrebataron, mutilando parte de nuestro territorio y que significó el sacrificio de miles de bolivianos que en esta u otras contiendas entregaron la vida.
No obstante todo lo dicho, si no todos, muchos chilenos, como hemos mencionado, actúan con lamentables propósitos, lo cual significa que no existe arrepentimiento en ellos, sino otro deseo de ofensa y no de reparación de los delitos cometidos.