Bolivia, 21 de noviembre de 2008
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Unasur y los procesos de integración

José David Berríos Fernández

El establecimiento de Unasur viene a constituir un nuevo intento de creación de un proceso de integración en el continente suramericano, lo que con anterioridad se pretendió realizar sin éxito. En efecto, durante la Segunda Guerra Mundial los países australes de América Latina, como Uruguay, Chile, Argentina y Brasil –que hasta ese momento habían estado beneficiándose del intercambio comercial con los demás países de la región- experimentaron una serie de diferencias negativas en sus balanzas de pago mutua.

Todo esto determinó que Argentina y Brasil establecieran prácticas bilaterales de intercambio favoreciendo sus economías, pero debilitando la cohesión práctica de los demás. Una vez concluida la conflagración mundial, estos países acudieron con sus observaciones a la CEPAL, de donde nació el establecimiento de una zona de libre comercio entre los países participantes del acuerdo.

El Tratado de Montevideo, suscrito el 18 de febrero de 1960, dio origen a la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (Alalc), suscrito por la totalidad de los países sudamericanos, además de México. Debido a la escasa voluntad política de los países miembros, se hizo casi imposible cumplir los postulados de Alalc, considerándose a finales de la década del 70 el fracaso de aquel organismo multilateral.

Con aquella experiencia negativa en sus espaldas, los países de este continente volvieron a plantear las bases de otro proceso de integración, suscribiéndose también en Uruguay-Montevideo el Tratado que crea el ALADI, allá por 1980.

El Tratado de Montevideo establece diversos mecanismos de negociación entre los países miembros mediante los Acuerdos de Alcance Parcial, los Acuerdos de Complementación Económica y la creación de la Preferencia Arancelaria Regional, todos en función de lograr las bases de un Proceso de Integración, pretendiendo emular el éxito obtenido en ese entonces por la Comunidad Económica Europea.

¿Cómo se constituye el deseo o la voluntad de los Estados de pasar a formar parte de una comunidad más amplia, llegando inclusive a ceder parte de su soberanía? Esto se debe fundamentalmente a la acumulación de valores e intereses compartidos, una situación a la cual se llega a través de la interacción entre sus distintas unidades y por procedimientos consensuales.

Algo de lo mencionado sucedió en la década del 80; sólo así podemos asimilar el establecimiento de las tres categorías de desarrollo de los países, es decir el ABRAMEX, los países de Desarrollo Intermedio y los países de Menor Desarrollo, para así lograr la creación de áreas de preferencias económicas y arancelarias equilibradas, de acuerdo con el grado de desarrollo de los países inmersos en este tratado. Todo bajo los lineamientos de los principios básicos de Integración, como sonla solidaridad, la cooperación, la no intervención, la justicia y la libertad.

Sin embargo, una vez más se tuvo que admitir el fracaso de aquel proyecto, más aún considerando lo ocurrido con la CAN y eventualmente el Mercosur, procesos “subregionales de integración”, que de alguna manera han menoscabado los postulados del ALADI. Los resultados son elocuentes, hoy la CAN es un proceso subregional de integración de sólo cuatro miembros, los cuales en ningún momento lograron, ni lograrán establecer una convergencia racional en sus acuerdos, por lo que su futuro es totalmente incierto, más aún con lo ocurrido en relación con la Unión Europea. En cuanto al Mercosur, la inclusión de Venezuela implica solamente prolongar su agonía, teniendo en cuenta que la intención de este país es de “prenderse” de este proceso para poder desarrollar con mayor efectividad su potencial hidrocarburífero e imponer supremacía en nuestro continente, soslayando los principios básicos que debe primar en todo proceso de integración.

León Lindberg ha definido a los procesos de integración como “los procesos por los cuales las naciones anteponen el deseo y la capacidad para conducir políticas exteriores e internas clave de forma independiente entre sí, buscando por el contrario tomar decisiones conjuntas o delegar su proceso de toma de decisiones a nuevos órganos centrales”.

Para llevar adelante un Proceso Integrador de países se hace necesario llevar adelante un proceso convergente, deliberado (voluntario) –fundado en la solidaridad-, gradual y progresivo entre dos o más Estados, sobre un plan de acción común en aspectos económicos, sociales, culturales, políticos. Pero por sobre todo debe ser entendido principalmente como un proceso económico; si hay integración económica, se tendrá también integración social e incluso política. Sin la integración económica los índices de integración en los demás planos serían sólo aparentes.

Nada de esto se ha tomado en cuenta anteriormente en nuestro continente, menos sucede ahora con el lanzamiento de Unasur, pues el solo deseo de coartar la supuesta hegemonía negativa de los Estados Unidos no puede ser tomado como piedra fundamental en la creación de un Proceso de Integración Latinoamericano.

La propuesta de Unasur no ha considerado adecuadamente los preceptos mencionados y se pretende “Integrar” a los países suscriptores del Tratado bajo premisas idealistas, carentes de fundamento real y efectivo.

La armonización de políticas económicas constituye uno de los pilares de coordinación de los planes de desarrollo de todo proceso de integración. Está plasmada en los planes de desarrollo industrial, agropecuario, de infraestructura física, para alcanzar una armonización de técnicas de planificación a través de una política comercial fundamentalmente ante terceros países. Todos estos planes por los que mínimamente debería pasar el programa de acción de Unasur quedan sólo en el papel, habida cuenta de la “diversidad” de políticas económicas con los que cada país miembro cuenta en la actualidad. Destacan en este aspecto las del Perú, Colombia, Chile e inclusive Brasil, que difieren diametralmente de las de Bolivia, Venezuela, Cuba, Nicaragua, por nombrar algunos.

Ni qué decir del utópico planteamiento de nuestro presidente Evo Morales al pretender la Unión Monetaria entre los países de la región, similar a la de la Unión Europea, cuando aquello requiere como elemento primordial la incorporación de un Pacto de Estabilidad y Crecimiento que garantice la disciplina presupuestaria, esencial para alcanzar la Integración Económica Total como paso previo a la unión monetaria.

¿Cómo lograr aquella Estabilidad Económica y Crecimiento en países como el nuestro, que pretende sustraerse de realidades tangibles como es la crisis económica mundial y sus efectos colaterales, y que considera el aislamiento como un medio eficaz para lograr “su liberación e independencia económica?”.

Por todo ello consideramos que una vez más la pretensión de integración entre países latinoamericanos correrá la misma suerte de las anteriores. El ejemplo más cercano lo constituye el Alba, al que ya ni lo mencionan sus fundadores. Es decir que Unasur será sólo un aporte estadístico en la historia latinoamericana.

 



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