"La prensa hace luz en las tinieblas"
"La prensa hace luz en las tinieblas", señala en una de sus partes
salientes el primer editorial de EL DIARIO,
verdad que ha sido demostrada a través de sus 103 años de vida.
Estamos seguros que su fundador, don José
Carrasco Torrico, cuando escribía el primer artículo en las páginas de su
creación, ya vislumbraba y tenía la seguridad de que EL DIARIO sería un baluarte de la
nacionalidad, pero que para mantenerse como tal debía adquirir independencia, la misma
que le causaría cientos y cientos de problemas, pero también de satisfacciones, al
servir a una Patria y cuidar sus intereses, por sobre todas las cosas.
Pero la obra de don José Carrasco no quedó ahí y se fue fortaleciendo año tras
año, con el esfuerzo de grandes escritores, que no los mencionamos ahora, para no omitir
a ninguno, pero que dejaron una brillante literatura que EL DIARIO cobija en sus páginas,
muchas amarillentas por el transcurso de los años, pero que son una luz en las tinieblas.
Destacadas personalidades del mundo político, periodístico, literario, etc., pasaron
por la dirección y redacción de este matutino, habiéndose alimentado de las enseñanzas
del fundador, quien legó toda su sabiduría a los que tuvieran la voluntad y el
patriotismo de continuar con su obra, imperecedera por cierto.
Todavía EL DIARIO cuenta con excelentes escritores y periodistas, que imprimen sus
ideas e inquietudes en las páginas de este matutino, abierto a todo aquello que está al
servicio de la Patria y de sus intereses bien entendidos.
Las enseñanzas y la tradición de don José, se extendieron también a sus
descendientes, quienes fieles a esa luminosa figura, continuaron a través de los años la
noble y sacrificada tarea de servicio a la Nación, muchas veces incomprendida,
tergiversada, e incluso enlodada por aquellos que frustrados por los avatares de la vida,
estrellaron lanzas contra una institución, pero que no mellaron en lo más mínimo la
coraza de ella, que está fabricada con la verdad.
Es así que su hijo, don José Carrasco Jiménez, relievó y dio lustre a un
apellido que se convierte en una tradición en el periodismo nacional, logrando grandes
éxitos para la Patria y para esta profesión tan ingrata, a través de su palabra fuerte
y sus críticas y consejos certeros y sagaces.
Este segundo don José, fue también un ejemplo de bondad y de trabajo, ya que, como
aseguran muchos de los que lo conocieron, no trepidaba esfuerzos por compartir con sus
trabajadores sus horas de insomnio y de trabajo, dándoles su palabra de aliento y de
consejo, que se convertían en un bálsamo para el espíritu.
Y así continuó la obra del fundador, con el concurso decidido y brillante de sus
descendientes, hasta llegar a la época actual, en la que el nieto, don Jorge Carrasco
Villalobos, la engrandeció, no solamente en lo material, sino también en lo
espiritual, haciendo de esta empresa un santuario de la verdad y la honestidad.
Los detractores y los críticos son muchos, pero la verdad nunca puede ser afectada por
ellos, y lo que escribo en estas páginas, no es otra cosa que un verdadero reconocimiento
a la continuación de este periódico por parte de su desaparecido Director, incomprendido
por muchos, como su abuelo, pero apreciado por los más, por ese su don de gentes y su
amplia comprensión hacia los problemas nacionales y también los personales de sus
trabajadores.
La actual posición de EL DIARIO, considerado como uno de los más modernos y
prestigiados del continente, ha sido apuntalada por su decidida acción y por su voluntad
de engrandecer el patrimonio periodístico que le habían legado sus antecesores,
trasuntando la innata vocación de servicio público, a través de las enseñanzas que
supo absorber tanto de su padre, como de las columnas de su abuelo, haciéndolo un
periodista, que con tino y sagacidad condujo una institución que se mantiene incólume,
pese a todos los ataques y atropellos que tuvo que sufrir en el tiempo que condujo esta
empresa.
Pero, indudablemente, en esta ardua labor que le cupo desarrollar a través de mucho
tiempo, una mano femenina fue la coadyuvante para el éxito: su esposa, Elena Jahnsen
Arauz, quien dinámica y activa, se convirtió en el alma de la institución, a la que
se dedicó con entereza y sacrificio, como a su mismo hogar. Ella, a la muerte de su
esposo, asumió las funciones de Directora, continuando la obra de su cónyugue, hasta que
Dios también la recogió en su seno.
En esta oportunidad he querido abordar solamente el año de fundación de este
matutino, tratando de contextualizar este acontecimiento con otros aspectos noticiosos e
históricos que se produjeron en la época en que salió a las calles el actual Decano de
la Prensa Nacional.
José Manuel Loza Oblitas |